Manual del Curso de Timonel de Yate de Vela y Motor
San Isidro, Argentina
CVPB - Jorge Messano
20-Oct-2025
56 minutos
Capítulo 01: El Barco
Maniobras: Prevención y Rescate de Hombre al Agua
Introducción
La posibilidad de que un tripulante caiga al agua mientras se está navegando. es uno de los accidentes más graves que puede suceder a bordo, y es un riesgo real que puede ocurrir tanto en las peores condiciones, corriendo una regata de noche y con tormenta, o en las mejores paseando en un día tranquilo y soleado, por lo que no solo no debe ser desestimado, sino que debe invertirse el tiempo suficiente en su prevención y en la práctica de las técnicas de rescate.
Vamos a darle contexto a la situación de Hombre al Agua.
Si bien en términos estadísticos, la caída de un tripulante al agua no es el incidente fatal más frecuente, ya que aparece detrás de otras causales, cuando ocurre tiene una alta probabilidad de acabar en muerte, especialmente si sucede en aguas frías y si la recuperación no es inmediata.
Según estadísticas del Reino Unido, USA y Australia, compilando eventos fatales ocurridos entre 2015 y 2023 en actividades náuticas recreativas y deportivas, muestran que la causa de muerte resultante de una situación de "Hombre al Agua" representa solo un 6,9% del total, comparada con la causa principal que es "falta de adecuada vigilancia por parte del operador" que lidera con un 26,0%.
Sin embargo, ese 26,0% de fatalidades corresponde al 5,1% del total de casos de "falta de vigilancia" mientras que el 6,9% de los fallecidos por caída al agua corresponde a poco más del 40% de las personas que efectivamente sufrieron esa eventualidad.
Dicho de otra forma, la mortalidad en situaciones de Hombre al Agua es mucho más alta que en los otros tipos de causales. Ocurren muchos más casos de falta de vigilancia, pero no producen tantas muertes pues solo 5,1% de los casos son fatales. Ocurren muchos menos casos de Hombre al Agua, pero el 40% de ellos son fatales.
De allí la razón por la que debe prestársele máxima atención.
Prevención
La prevención de la caída de un tripulante o pasajero al agua pasa, en principio, por tener siempre presente que el riesgo existe, y en función de esto modificar cualquier actitud que aumente la probabilidad de que suceda un accidente.
En este sentido, los principales hábitos que deben adoptarse —y extremarse— tienen que ver con el orden a bordo y la capacitación y entrenamiento de la tripulación.
El orden refiere a tener todos los elementos de seguridad y rescate en condiciones y preparados para ser utilizados de inmediato, y a mantener una cubierta y maniobra aséptica en el sentido de eliminar cualquier elemento que ponga en riesgo a la tripulación —un cabo suelto en cubierta puede provocar que un tripulante tropiece o patine sobre él—.
Repasemos entonces algunas recomendaciones en cuanto al equipamiento del barco y las actitudes de la tripulación a ser adoptadas como buena práctica en cualquier condición de navegación que suponga un riesgo —navegación nocturna, en solitario o cuando un tripulante queda solo de guardia en cubierta independientemente del horario en que lo haga—.
Respecto del equipamiento.
Pasamanos y Guías
Si su barco no lo tiene, equípelo con pasamanos y guías para asegurar el tránsito de los tripulantes sobre cubierta.
Puede también colocar superficies antideslizantes y redes anticaídas entre los candeleros.
Las redes son especialmente importantes para prevenir la caída de tripulantes al agua, mientras operan fuera del cockpit, en los pasillos de las bandas, o en el mástil o en el triángulo de proa, en condiciones de mal tiempo.
Por esa razón —porque deben contener el peso de una persona— tanto las líneas de los guardamancebos como las redes, deben ser de materiales que puedan sostener ese peso, y estar sólidamente integradas.
Línea de Vida
Coloque una línea de vida, de modo que cualquier tripulante que deba desplazarse por cubierta pueda enganchar su arnés de seguridad al salir del interior del barco.
La línea de vida es una cinta plana de alta resistencia —preferentemente de poliéster o dyneema, con muy baja elasticidad— que se instala firmemente sobre cada banda o a lo largo de la línea de crujía, o incluso en ambas configuraciones a la vez, según la eslora y el tipo de cubierta. Debe amarrarse con terminaciones robustas a cornamusas en proa y en popa, nunca en candeleros ni herrajes débiles.
Al fijarla, procure que quede tensa, baja y sin obstáculos, minimizando el radio de caída y evitando que un resbalón pueda arrastrar al tripulante por encima de la borda. Es fundamental verificarla antes de zarpar y acostumbrarse a usarla siempre. El objetivo es simple: siempre sujeto, nunca separado del barco.
Salvavidas y Elementos de Seguridad
Asegúrese de que el salvavidas, balizas y demás dispositivos de emergencia reglamentarios se encuentren instalados, accesibles y en sus posiciones designadas, nunca guardados en lugares difíciles de abrir o detrás de equipo estibado. Cada tripulante debe saber de qué equipamiento se dispone a bordo, dónde está y cómo se utiliza.
El barco debe contar, como mínimo, con el inventario de elementos de seguridad exigidos por la reglamentación vigente. A partir de esa base, y según el tipo de singladura será conveniente incorporar equipamiento adicional que eleve el estándar de seguridad.
Chaleco salvavidas y Arnés
El uso del chaleco salvavidas —del tipo que sea— y arnés conectado a la línea de vida o un cáncamo de seguridad, debe ser mandatorio para todo tripulante mientras opere en el cockpit y en cubierta.
No importa si las aguas están tranquilas o si parece que no hay riesgo: una ola inesperada, un rolido del barco o un movimiento brusco pueden hacer que una persona caiga al agua en el momento menos esperado.
La incomodidad de los chalecos salvavidas básicos, poco anatómicos, ya ha sido superada, por lo cual eso tampoco debería ser considerada como una excusa válida para no usarlos —de hecho, no hay excusas para no usarlos—. Actualmente existen chalecos salvavidas del tipo autoinflable, de tres o cinco puntos de sostén, muy livianos y cómodos. Encuentre uno que esté de acuerdo a su presupuesto y acostúmbrese a usarlo.
Señales Luminosas
Equipe los chalecos salvavidas con luces individuales —eléctricas o químicas—.
El objeto de estas luces es facilitar la localización de la persona que eventualmente haya caído al agua durante la noche o en condiciones de baja visibilidad.
Las luces de activación automáticas por inmersión son especialmente recomendables: al entrar en contacto con el agua comienzan a destellar sin necesidad de ser encendidas manualmente, lo que garantiza su funcionamiento incluso si la persona está aturdida, agotada o inconsciente. Las barras luminiscentes químicas pueden servir como respaldo, pero su alcance visual es menor y no parpadean, por lo que son menos efectivas como señal primaria.
Además de la luz principal, y si está a su alcance, puede incorporar algún tipo de baliza personal —de tipo AIS u OLAS, por ejemplo— que puedan fijarse al arnés o al propio chaleco, que permitan detectar rápidamente al naufrago cuando ha caído al agua.
Indumentaria
Preferiblemente, los trajes de agua deben ser de colores de alta visibilidad, que faciliten la detección del navegante en el agua.
Del mismo modo, las capuchas de colores intensos y contrastantes ayudan a que la cabeza —que suele ser la única parte visible de una persona en el agua— pueda localizarse más rápidamente entre las olas, espuma y reflejos solares.
Asimismo, es recomendable que la indumentaria tenga parches de materiales reflectantes, que permiten que un reflector, linterna o foco del barco pueda identificar rápidamente una silueta en el agua durante la noche o en condiciones de baja visibilidad.
En cuanto a la actitud y el cuidado personal durante la navegación, podemos recomendar lo siguiente:
Desplazamiento en Cubierta
Cuando esté en el exterior —especialmente de noche o con mal tiempo— lleve siempre el chaleco salvavidas colocado —insistimos en este punto— y el arnés conectado a la línea de vida, tanto estando dentro del cockpit como cuando deba moverse en la cubierta.
En caso de tener que moverse, hágalo siempre buscando la estabilidad y utilizando tres puntos de apoyo; es decir, desplace su peso con las piernas flexionadas, el cuerpo inclinado hacia el centro del barco y mantenga siempre una mano firme en un pasamanos o punto fijo.
Preferentemente, circule por la banda de barlovento, donde el plano de la cubierta queda más alto y, pues en caso de recibir una ola —que entran por barlovento— lo arrojará sobre la cubierta, mientras que, del lado de sotavento, además de que la posible escora del barco lo obliga a tener que controlar no caer al agua, la ola que entra por barlovento lo arrojará al agua del lado de sotavento.
Trabajo en Cubierta
Cuando deba realizar un esfuerzo físico en cubierta, adopte una postura firme y estable separando los pies, flexionando ligeramente las rodillas y apoyando bien las piernas antes de comenzar la maniobra.
Anticipe el movimiento del barco —rolidos, cabeceos o cambios de rumbo— y sincronice su acción con el balance, evitando tirar, empujar o hacer fuerza justo en el peor momento.
Si la maniobra requiere usar ambas manos, asegúrese primero de estar bien afirmado y conectado al arnés para no comprometer el equilibrio.
El timonel, a su vez, debe intentar no realizar maniobras que puedan desestabilizar el barco mientras tiene a otros tripulantes trabajando en cubierta.
Comuníquese permanentemente
Anuncie sus maniobras con suficiente antelación y espere siempre el acuse de recibo de la tripulación antes de ejecutarlas.
Esto permite que cada miembro esté preparado, mantenga su equilibrio y adopte la postura correcta, evitando movimientos inesperados que puedan provocar caídas o golpes.
La comunicación clara y constante es especialmente crítica durante cambios de vela, cambios de amura, fondeo, amarre, zarpada y cualquier situación de navegación que incluya condiciones de navegación severas.
En embarcaciones de esloras importantes, donde con el viento, la voz puede perderse entre el cockpit y el triángulo de proa, pueden utilizarse equipos de radio personales, tales como handys de VHF u otros similares.
Tripulantes Solos
Evite dejar tripulantes solos en cubierta.
En la medida de lo posible, mantenga siempre compañía, especialmente en condiciones de mal tiempo, de noche o navegando en aguas complicadas.
La vigilancia mutua y la cooperación constante reducen drásticamente el riesgo de accidentes y aumentan la capacidad de reacción ante un MOB —Man Overboard–.
Nosotros tenemos una regla de oro: la "regla del VASCO", para operar en la cubierta, que nos encanta trasladar a nuestros alumnos.
“siempre Visible, siempre Acompañado, siempre Sujeto y siempre COmunicado.”.
Las primeras letras de cada acción definen la palabra "VASCO", y a su vez, cada acción resume un principio clave:
- Visible: Asegurarse de que me están viendo, o que estoy viendo a mi acompañante, cuando trabaja en cubierta.
- Acompañado: No permanecer solo en cubierta, especialmente de noche, y en situaciones de mal tiempo.
- Sujeto: Arnés conectado a la línea de vida o a un punto fijo. Respetar los tres puntos de apoyo y postura firme.
- Comunicado: Avisar cada maniobra, esperar acuse y coordinar con la tripulación.
Maniobras de Rescate
Aun cuando se hayan tomado todas las medidas preventivas necesarias, los accidentes ocurren, por lo cual es necesario estar preparado para reaccionar adecuadamente ante la caída de una persona al agua.
En razón de esto es importante que la tripulación conozca los aspectos generales de los procedimientos y maniobras de recuperación de una persona caída al agua. Y más aún, es imprescindible que el capitán y quienes navegan habitualmente en el mismo barco, se tomen el trabajo de diseñar un protocolo de reacción y rescate adecuado para ser implementado en su barco basado, por supuesto, en los protocolos estándares, y practicarlo hasta tenerlo incorporado. El tiempo que dedique en esa práctica serán minutos vitales que ahorrará en una situación real cuando esta ocurra.
No todos los barcos navegan y reaccionan de la misma forma.
Los veleros navegan principalmente a vela y los cruceros lo hacen a motor... e inclusive en el caso de los veleros, los de quillote corrido requieren de más distancia y tiempo para virar que los que tienen un quillote angosto con bulbo, que prácticamente lo hacen sobre si mismos, en un instante.
Es por eso que es una muy buena práctica tomarse el tiempo necesario para encontrar y ajustar la maniobra de rescate de hombre al agua más apta para "mi barco" y, obviamente, practicarla con la tripulación... eso ahorrará minutos valiosos cuando se los necesite.
Luego, cuando ocurre una situación de "Hombre al Agua", dos frentes de acción se activan en paralelo: por un lado, la tripulación que permanece a bordo debe iniciar de inmediato las maniobras de localización, señalización y recuperación; y por el otro, la propia víctima también tiene un rol activo para aumentar sus posibilidades de supervivencia y facilitar el rescate.
El éxito de la recuperación dependerá de esa doble disciplina coordinada. Solo si ambas partes actúan con claridad y mantienen el control —cada una con sus propios procedimientos— la maniobra podrá completarse con rapidez y mayores probabilidades de éxito.
Analizaremos ahora en detalle que debe hacer cada parte en una situación de "Hombre al Agua".
Reacción de la Tripulación a bordo del Barco
paso 1
Dar la Alarma.
El tripulante que vea la caída de una persona al agua deberá dar la voz de alarma de inmediato, gritando con fuerza y claridad:
¡Hombre al agua!
...al tiempo que señala con el brazo extendido hacia la persona en el agua y mantiene contacto visual permanente con ella.
Ese tripulante se convierte automáticamente en el vigía, y a partir de ese momento su tarea es prioritaria sobre cualquier otra. Debe seguir señalando a la víctima y no perderla de vista bajo ningún concepto, mientras continúa repitiendo la voz de alarma hasta que el resto de la tripulación responda y se inicie la maniobra de rescate. El vigía no abandonará su función hasta que la persona sea rescatada i otro tripulante asuma el rol, confirmando en voz alta que tiene a la víctima a la vista.
Ya con otros tripulantes en cubierta prestando ayuda, el vigía debe COMENZAR A indicar continuamente, en voz alta, la posición del náufrago respecto del barco. Lo más simple en este caso es utilizar referencias tales como "a proa", o "a popa", o direcciones horarias, y distancias en la unidad que la tripulación maneje, por ejemplo:
¡...a proa a 50 metros!
...o:¡40 metros a las tres!
Si las condiciones lo permiten, y sin crear nuevos riesgos, puede designarse un segundo vigía en un punto elevado —por ejemplo, subiéndolo a la botavara— para mejorar el ángulo de observación.
De noche, además de la voz de alarma, será útil iluminar la zona con una bengala de paracaídas o un proyector, sin encandilar a la tripulación que realiza la maniobra.
paso 2 a
Control de la Embarcación.
Inmediatamente luego de ocurrido el incidente y en reacción a la voz de alarma de ¡Hombre al Agua!, un tripulante con conocimiento del protocolo de rescate debe asumir el comando de las maniobras que deben proseguir.
Que tripulantes —y en qué orden de precedencia— tomará el comando de la maniobra, dependerá del nivel de entrenamiento y acuerdo previo.
Si se trata de una tripulación en la cual el "protocolo de rescate" adecuado para ese barco ha sido acordado y practicado con anterioridad, la situación fluirá de forma más controlada. En ese caso, el tripulante designado para comandar el procedimiento será quien guie las acciones siguientes de allí en más.
Si se tratase de una tripulación no entrenada, la tarea del comando del rescate recae entonces en el Capitán, o en el tripulante con el conocimiento suficiente para llevarla adelante, si el Capitán fuese la víctima. En esta situación es importante que en quien haya recaído la responsabilidad del comando, lo informe al resto de la tripulación, pidiendo su colaboración inmediata.
En cualquier caso, como primera medida el responsable de la acción de rescate deberá tomar el control de la embarcación, ordenando encender el motor si estuviese apagado y quitar el piloto automático si estuviese conectado.
paso 2 b
Arrojar el salvavidas.
Debe lanzarse el salvavidas de inmediato —junto con la baliza luminosa, su silbato y el cabo flotante— hacia la persona en el agua. El cabo flotante del salvavidas no debe estar atado al barco, pues su función es ser llevado por la corriente de tal forma que pueda ser tomado por la víctima para acercarse al salvavidas.
Puede ser de ayuda lanzar otros elementos flotantes que tenga a mano, tales como defensas o almohadones, para que por un lado le sirvan al timonel para señalarle el camino de regreso hasta la posición del naufrago, y para que este último tenga otros objetos de los cuales sujetarse. Si tiene tiempo, también será útil dejar correr un cabo largo —en este caso hecho firme al barco— que arrastre otro salvavidas, una defensa o cualquier otro objeto flotante que sirva para que, al rodear al náufrago, éste pueda tomarse a él.
Bajo ninguna circunstancia permita que otro tripulante se lance al agua.
paso 2 c
Registrar la Posición de la Caída de la Persona al Agua.
Anote la hora de la caída, la posición en la que se encontraba la embarcación, y el rumbo y velocidad a la que se estaba navegando.
Estos datos permiten establecer la zona en la que se encuentra el naufrago, facilitando las tareas de búsqueda y rescate.
Si el barco cuenta con un chartplotter o hay un GPS disponible, presione el botón MOB —abreviatura de Man Overboard, término en inglés para indicar Hombre al Agua—, de esta forma quedará registrado un waypoint en esa posición, que facilitara el regreso a ese punto.
Si el chartplotter o el GPS están integrados al piloto automático de la embarcación, puede activarse la opción que comanda al barco a regresar a ese waypoint, y mantenerse evolucionando alrededor del mismo.
paso 2 d
Iniciar la Maniobra de Rescate de Hombre al Agua.
La maniobra a realizar será una decisión de la persona responsable de la maniobra, siguiendo el protocolo acordado en el caso de tripulaciones entrenadas, o de acuerdo a su decisión en el momento, basada en las condiciones de la navegación y del evento en curso.
Más allá de esto, la maniobra a adoptar depende, en términos generales, del tipo de embarcación de la que se trate, es decir si es impulsada a motor o si se trata de un velero, de la cantidad de tripulantes hábiles para llevarla adelante, y de las condiciones de la navegación.
Le explico por qué dice "acción 1" y las demás dicen "acción 2.x".
Esto es porque no todas esas acciones son necesariamente secuenciales, sino paralelas.
La única acción que ocurre asilada, que sucede "sola" para decirlo de alguna manera, es la del "y que tiene acciones posteriores es la del "grito de alarma"... de allí en mas, las otras acciones suceden en paralelo cuando la tripulación está entrenada, pues esos tripulantes salen todos inmediatamente a cubierta a cumplir cada uno su tardea asignada, que es una de esas acciones.
Reacción del Náufrago
paso 1
Estabilizarse.
Lo primero que verá quien cae al agua, luego de salir a la superficie, es un escenario desesperante: estar sumergido en agua que rara vez es cálida, y un barco que se aleja, apenas visible entre las olas.
En esa situación es entendible que surja el pánico.
Es en ese momento cuando el náufrago debe intentar mantener la calma y la confianza en sí mismo, recordando el entrenamiento recibido y que la tripulación, que también está entrenada, seguramente ya está trabajando para acudir en su rescate.
El pánico es el peor enemigo en los primeros segundos; conservar el control y poner en marcha la parte del protocolo de rescate que le toca, es una de las claves para superar la situación.
En ese sentido, y dejados atrás los primeros segundos de sorpresa, el náufrago debe intentar recuperar la estabilizarse, evitando movimientos bruscos o manotazos que sólo aumentarán el agotamiento y el riesgo de absorber agua. La prioridad inicial es controlar la respiración, mantener la cabeza fuera del agua y orientarse.
paso 2
Gane Flotabilidad.
El objeto de esta tarea consiste en tratar de sacar del agua la mayor cantidad de masa corporal posible, tanto para reducir la exposición al riesgo de hipotermia como para hacerse más visible para la tripulación en el barco, que necesita tenerlo a la vista.
Así entonces, si tiene un chaleco salvavidas no inflable, ajústelo contra su cuerpo, bajándolo lo más posible hacia la cintura. Si el chaleco es inflable y no se ha activado automáticamente, ínflelo con sus pulmones y proceda de la misma forma, ajustándolo al cuerpo.
Deshágase de todos los objetos pesados que lleve encima y que estrictamente no le sirvan para ser rescatado.
Si lleva botas, puede utilizarlas para ganar algo más de flotabilidad. Quíteselas, vacíelas de agua y úselas como flotador colocándolas con las bocas hacia abajo, llenas de aire, dentro de su ropa.
Finalmente, aspire hondo y contenga la respiración, haciendo luego respiraciones cortas para renovar el aire. Sus pulmones funcionarán como un flotador, ayudándolo a mantener el cuerpo elevado y fuera del agua.
paso 3
Localizar e salvavidas circular.
Busque el salvavidas que seguramente le habrán arrojado desde el barco —debería estar en algún punto entre Usted y la posición del barco— y una vez que lo tenga consigo, apoye su cuerpo sobre el mismo, como si fuera un flotador, o introduzca su cuerpo en el interior —esto no es posible en la gran mayoría de los casos, pues el diámetro interior de los salvavidas circulares con los que se equipan las embarcaciones deportivas y recreativas no permiten hacerlo—. Eso ayudará a elevar su cuerpo fuera del agua reduciendo la exposición, y aumentando el tamaño visible de su cuerpo.
Si la tripulación respondió al protocolo, con seguridad habrán lanzado otros elementos flotantes desde el barco. Por lo tanto, intente localizarlos y agarrarse a ellos siempre que sirvan para aumentar su flotabilidad y reducir la exposición al agua fría.
En caso de que le lancen un cabo desde el barco, tómelo y hágase una lazada con él alrededor del cuerpo, debajo de las axilas. Hecho esto señale al barco que está listo para ser rescatado. Puede intentar avanzar sobre el cabo, excepto cuando esto le reste energías.
paso 4
Comunique su Posición.
Tenga en cuenta que, aunque Usted no pueda ver al barco, sus tripulantes, desde una posición más elevada, podrán verlo siempre y cuando Usted colabore con ellos marcando el sitio donde se encuentra.
Si lleva puesto el traje de agua, colóquese la capucha y ajústela a su cabeza. Las capuchas tienen, a propósito, colores vivos combinados con parches de materiales reflectantes para ayudar a su localización en el agua.
Si es de noche o está oscuro, encienda la luz —si no se ha encendido automáticamente— o luz química adherida al chaleco. Si tiene una bengala pirotécnica de mano o una baliza de localización personal, actívela.
Haga lo mismo con cualquier otro dispositivo de localización personal que lleve consigo.
Mantenga levantada una o ambas manos.
Si bien gritar pidiendo ayuda es útil, intente utilizar el silbato que está unido al chaleco salvavidas pues su pitido suele escucharse a mayor distancia que la voz.
paso 5
Ahorre energía.
El ahorro de energía es fundamental. Una vez resueltos los primeros pasos de su protocolo, limite sus movimientos a los mínimos y necesarios, y evite la pérdida de calor reduciendo el flujo de circulación de agua dentro de su ropa.
Para ello, ajuste su ropa contra el cuerpo. Si su traje de agua tiene capucha, ajústela también a la cabeza.
Si no logró localizar el salvavidas, adopte la posición fetal con los brazos y los pies o las piernas cruzadas, pues es la más adecuada para evitar la pérdida de energía. En esa posición, el agua no circulará por dentro de su ropa, calentándose con el calor de su propio cuerpo, sirviendo como un aislante contra la menor temperatura del mar o del río.
Si los náufragos fueran más de uno, intenten mantenerse juntos y abrazados.
Hasta último momento no trate de alcanzar el barco nadando, pues sólo servirá para gastar energías.
paso 6
Rescate.
En el momento en que el barco llegue a su posición y esté listo para izarlo a bordo, concéntrese en seguir las instrucciones de la tripulación. No intente adelantarse ni hacer movimientos que puedan desestabilizar la maniobra.
Mantenga brazos y piernas cerca del cuerpo, protéjase de los golpes contra el casco y evite ser arrastrado por debajo del casco. Si está agotado, sufriendo limitaciones por el frío o lesionado, hágalo saber en voz alta, la tripulación adaptará el método de izado de acuerdo a lo que Usted comunique.
Su objetivo en esta fase es colaborar sin poner en riesgo su integridad, manteniendo la calma y respondiendo a las órdenes hasta estar completamente a salvo, otra vez a bordo.
Métodos de Aproximación al Hombre al Agua Navegando a Motor
Existen varios métodos probados para regresar el barco al punto de caída del Hombre al Agua cuando se navega a motor.
Todos ellos son simples y pueden ser ejecutados por el conductor de la embarcación, dejando al resto de la tripulación —si la hubiera— disponible para preparar la recuperación del náufrago.
Círculo de Evolución
Navegando a motor, es la maniobra más rápida para regresar al punto eh el que la víctima cayó al agua.
Idealmente, se necesitan al menos dos tripulantes para completarla sin dificultades: uno al timón y otro que opere como vigía, manteniendo la vista sobre el náufrago. El barco gira con el menor radio posible hasta quedar con la proa apuntando hacia la persona, dejándola finalmente por sotavento para poder recogerla con seguridad.
Una aclaración.
Cuando el autor dice que "se necesitan al menos dos tripulantes para completarla sin dificultades" está diciendo justamente eso: que, con dos tripulantes, se resuelve sin mayores problemas.
Sin embargo, tanto esta maniobra, como cualquiera de las otras que aquí explicaremos, puede ser ejecutada por una sola persona, la cual obviamente, deberá esforzarse un poco más, al no contar con ayuda.
paso 1
Alejar la popa del náufrago
Apenas se pierde a un tripulante al agua, el timón debe gobernarse de forma que la popa se aleje de él. Esto evita que la hélice cause lesiones o lo empuje aún más lejos por efecto de la turbulencia del propulsor.
paso 2
Girar hacia su banda
Se debe girar la embarcación hacia el lado donde cayó la persona, manteniéndola siempre a la vista. En ningún caso debe ponerse marcha atrás, ya que el náufrago podría quedar bajo la popa, en la zona de la hélice o de su propulsión.
paso 3
Completar el círculo de Evolución
El giro debe tener un radio suficiente para permitir que la embarcación pueda volver con la proa directamente hacia el náufrago, manteniendo contacto visual en todo momento. Perderlo de vista equivale a perder el control de la situación.
paso 4
Aproximación Final
Una vez que la proa está francamente orientada hacia la persona en el agua, y con el objetivo ya a distancia segura y controlada, se reduce la velocidad a la mínima de seguridad —la mínima velocidad en la que se puede continuar navegando sin perder gobierno del barco— corrigiendo el rumbo para que el náufrago llegue a la banda de sotavento.
Esto lo protegerá del oleaje y evita que sea golpeado contra la obra muerta.
paso 5
Rescate
Con el náufrago al través y a resguardo, se coloca el motor en punto muerto —sin apagarlo, para recuperar rápidamente el gobierno si fuera necesario—.
El barco queda así en posición de recuperación, listo para iniciar el procedimiento de traer al náufrago a bordo.
Maniobra de Butákov
La maniobra de Butákov es otra técnica eficaz para retornar rápidamente al punto de caída del tripulante cuando se navega a motor.
Es, en cierta forma, similar a la maniobra del Círculo de Evolución. Consiste en realizar una guiñada amplia seguida de un cambio de rumbo que compensa el abatimiento, permitiendo regresar con precisión hacia la posición del náufrago, manteniéndolo siempre a la vista y preparando la embarcación para una aproximación controlada.
También requiere un mínimo de dos tripulantes: un timonel y un vigía para ser realizada sin mayores dificultades.
paso 1
Alejar la Popa del Náufrago
Se acciona el timón hacia el lado donde la persona cayó al agua, de modo de abrir la popa y evitar que el náufrago quede expuesto a la hélice, con el riesgo de lastimarlo, y al flujo de agua, que lo pueda alejar del sitio. Nunca dar marcha atrás.
paso 2
Cortar la Proyección del Rumbo Inicial
Con la proa orientada al rumbo resultante del paso anterior, debe navegarse la distancia suficiente para alejar la embarcación de la posición del náufrago, de tal forma que el próximo cambio de rumbo no lo afecte con la propulsión de la hélice —un máximo de dos esloras debería ser suficiente—.
Hecho eso, debe corregirse el rumbo de tal forma de llevar la embarcación a un punto virtual, ubicado del otro lado de la proyección del rumbo que se llevaba inicialmente, antes de que se produjese el accidente.
Dicho de otra forma, debe cortarse tangencialmente el rumbo que se llevaba inicialmente.
paso 3
Regresar Hacia la Posición del Hombre al Agua
Continúe el giro hasta tener la proa orientada en dirección a la víctima, considerando que, preferiblemente, deberá tenerla finalmente del lado de sotavento de la embarcación.
paso 4
Aproximación Final
Una vez que la proa está francamente orientada para dejar la víctima a distancia segura y controlada del lado de sotavento, deberá aminorar la marcha a la mínima en la que puede continuar gobernando el barco —desde el punto de vista reglamentario, a esa se la denomina "velocidad de seguridad"—.
Teniéndolo finalmente del lado de sotavento, se asegura la protección de quien está en el agua, de golpearse contra el casco del barco.
paso 5
Rescate
Con el náufrago al través y a resguardo, se coloca el motor en punto muerto —sin apagarlo, para recuperar rápidamente el gobierno si fuera necesario—.
El barco queda así en posición de recuperación, listo para iniciar el procedimiento de traer al náufrago a bordo.
Alexéi Ivánovich Butákov fue un destacado almirante de la Armada Imperial Rusa, que vivió entre 1816 y 1869, reconocido por sus aportes a la táctica naval en la era del vapor.
Sin embargo, no encontramos evidencia sólida de que Butákov haya diseñado específicamente esta maniobra, sino que más bien adaptó el procedimiento que había sido desarrollado por un oficial de la Marina de Estados Unidos, llamado John H. Williamson, para trasladarlo a sus propios oficiales.
Maniobra de Tiempos Iguales
La maniobra de tiempos iguales es un método de recuperación de Hombre al Agua que permite regresar al punto de caída con un giro simétrico y controlado, de 180º, manteniendo siempre al náufrago a la vista. Se llama así porque los intervalos de viraje se planifican para que la proa del barco describa trayectorias de igual duración en cada fase de la maniobra.
Esta maniobra es especialmente útil cuando se navega a motor de noche o con visibilidad reducida, pues se resuelve retornando al punto en una vuelta sobre el rumbo contrario al que se llevaba, navegando el mismo tiempo que llevó alejarse de la víctima.
Es también una de las maniobras más adecuadas para realizar en ríos o arroyos, o canales angostos, donde la proximidad de las costas o el ancho de la solera navegable, no deja espacio para realizar otro tipo de evoluciones.
Como en las maniobras anteriores, idealmente se necesitan dos tripulantes para resolverla: uno al timón y otro como vigía permanente.
paso 1
Preparación del Giro
Tan pronto se produce la caída al agua, el timonel se prepara para iniciar la maniobra llevando la cuenta del tiempo que va transcurriendo —lo más simple es contar segundos, de la forma que le resulte más fácil y natural—.
El tiempo o distancia a navegar alejándose de la víctima dependerá de las condiciones de las aguas en las que se navega y la maniobrabdélilidad de la embarcación. En condiciones normales debe poder resolverse en no más de tres esloras de distancia.
La prioridad mientras tanto es mantener contacto visual constante y organizar la recuperación.
paso 2
Giro de 180º
Se comienza un giro hacia la dirección opuesta a la actual —giro de 180º—
paso 3
Regresar Hacia la Posición del Hombre al Agua
Debe navegarse en línea recta, sobre el rumbo opuesto al inicial, descontando el tiempo pasado.
El tramo anterior sirvió para alejar la popa de la víctima, y en este se actúa rápidamente para posicionar la proa nuevamente en dirección hacia ella.
paso 4
Aproximación Final
Ya cerca del final del descuento del tiempo transcurrido, debería tener el náufrago próximo al barco, debiendo entonces corregir el rumbo para dejarlo por sotavento, reduciendo al mismo tiempo la velocidad a la mínima necesaria para mantener el control.
paso 5
Rescate
Al llegar a la posición óptima, con el caído por el través a sotavento, se coloca el motor en punto muerto —sin apagarlo, para recuperar rápidamente el gobierno si fuera necesario—. La tripulación procede a efectuar la recuperación de la víctima, asegurando que todos los movimientos sean coordinados y seguros.
Maniobra Dando Marcha Atrás
La maniobra dando marcha atrás es adecuada para realizarla en aguas tranquilas, sin oleaje. Consiste en ir deteniendo la estropada sin variar el rumbo, para luego invertir la marcha y regresar sobre la estela a velocidad de seguridad, hasta la ubicación de la persona que ha caído al agua.
La principal desventaja de este método es que no permite mantener el rumbo en forma eficiente mientras se retrocede sobre la estela.
paso 1
Reducción Inmediata de la Velocidad
Ante la caida, mantenga firme el rumbo y reduzca inmediatamente la velocidad a la mínima de control de la embarcación, para evitar que el flujo del propulsor desplace a la víctima del lugar donde ha caído.
paso 2
Dar Marcha Atrás
Sin tocar el timón —manteniendo exactamente el mismo rumbo que llevaba— pase a punto muerto y luego ponga reversa, acelerando a la mínima velocidad de control.
El objetivo es que la embarcación retroceda lentamente sobre su estela. sin generar riesgo de succión para la víctima en el agua.
paso 3
Aproximación Final
Ya cerca del naufrago, oriente la popa de la embarcación de tal forma que el náufrago quede por la aleta o la banda del lado de sotavento.
paso 4
Rescate
Finalmente, teniendo al caído por sotavento, al lado del barco, pase el motor a punto muerto —sin apagarlo, para recuperar rápidamente el gobierno si fuera necesario— y proceda con la recuperación de la víctima.
Métodos de Aproximación al Hombre al Agua Navegando a Vela
Las maniobras de rescate de un hombre al agua navegando a vela son más complejas que las realizadas con propulsión mecánica. Sin embargo, resultan igualmente efectivas cuando el timonel y la tripulación las conocen, las han practicado y actúan coordinados.
Aun así, es indudable que contar con el motor durante un rescate aumenta significativamente el control del barco y acelera la recuperación. Por este motivo, ante una situación de Hombre al Agua mientras se navega a vela, el procedimiento correcto es iniciar de inmediato la maniobra específica correspondiente a vela, mientras otro tripulante pone en marcha el motor. Logrado eso, y dependiendo cuan avanzado esté el rescate a vela, puede continuarse con este o iniciar una de las maniobras de rescate a motor.
Insistimos con algo que ya hemos dicho anteriormente.
En un velero, el motor es, además de una herramienta de propulsión, un elemento de seguridad que le prestará ayuda en situaciones complejas.
Manténgalo siempre en condiciones.
Maniobra del Ocho
La maniobra del ocho es una de las técnicas clásicas de recuperación de un Hombre al Agua navegando a vela. Su trayectoria en forma de "8" le da el nombre, y permite regresar a la posición del náufrago dejando el barco literalmente frenado a su través. Es una maniobra efectiva, versátil y aplicable en la mayoría de las condiciones de viento, en especial cuando se navega con velas de proa razonablemente manejables.
Su ejecución no es compleja, pero exige coordinación y roles bien definidos. Si bien la maniobra puede ser resuelta por un timonel entrenado, sin otra ayuda, lo ideal es contar al menos con tres tripulantes: uno al timón, otro encargado de las velas y un tercero dedicado a mantener el contacto visual con el caído.
paso 1
Buscar el Través
Inmediatamente luego de ocurrir la caida al agua, el timonel debe buscar un rumbo entre el través y a un descuartelar, y avanzar la distancia suficiente como para poder ejecutar una virada por avante.
El objetivo es ganar algo de distancia, de tal forma que luego de ejecutar la virada, el barco pueda volver a tomar estropada para regresar a la posición del náufrago.
Esa distancia, dependiendo de la maniobrabilidad y características del barco, puede estar entre unas tres a cinco esloras.
paso 2
Virar por Avante
Una vez que se ha recorrido la distancia necesaria para regresar, debe efectuarse una virada por avante, y caer a un rumbo de través o través algo pasado a un largo.
paso 3
Regresar Hacia la Posición del Hombre al Agua
Resuelta la virada, debe navegarse de regreso hacia la zona en la que se encuentra el náufrago, llevando un rumbo de viento preferentemente de través, que lo mantenga a una distancia aproximada de una eslora de la víctima, teniéndola a barlovento.
Es decir, no lleve la proa directamente hacia el caído, sino a un punto virtual, a una eslora, o un poco mas, a sotavento de éste.
Este rumbo cortará el de ida, configurando el cruce del "8" que le da nombre a la maniobra.
paso 4
Aproximación Final
Navegando sobre el rumbo de regreso, y una vez que tenga al naufrago entre el través y la aleta, a barlovento, ejecute una virada por avante y deje el barco al pairo.
Es decir, vire en dirección al naufrago, que lo tiene por el través, a aproximadamente una eslora de distancia, sin tocar las velas de tal forma que la de proa se acuartele y la mayor trasluche controlada. De esta forma el velero quedará al pairo, frenándose inmediatamente, con el naufrago a distancia de bichero cerca de la proa.
Otra opción para terminar la maniobra es soltar las escotas de ambas velas de tal forma que el velero quede desventado. La desventaja de esta alternativa es que el timonel debe permanecer en el timón controlando que el barco se mantenga proa al viento, desventado, mientras que, configurado al pairo, el timonel puede desatender el timón y prestar ayuda en el rescate, pues el barco se mantendrá frenado en el sitio.
paso 5
Rescate
Ya con la aproximación finalizada, tendrá al caído a proa o próximo a ella. La tripulación procede entonces a efectuar la recuperación de la víctima, asegurando que todos los movimientos sean coordinados y seguros.
Maniobra del Cero
La maniobra del cero es una técnica de recuperación de Hombre al Agua para ser efectuada navegando a vela, que se caracteriza por su sencillez y rapidez de ejecución. Su trazado describe una curva cerrada similar a un "0", lo que permite regresar al punto del accidente sin alejarse demasiado y manteniendo a la vista al náufrago en todo momento. Es especialmente útil con embarcaciones ágiles, como veleros livianos o con poca inercia, donde los cambios de rumbo se realizan con facilidad.
Aunque es una maniobra efectiva, exige un buen control del barco y coordinación entre los participantes, ya que los giros son más cerrados y la aproximación final requiere precisión para no perder velocidad en el tramo decisivo. Para ejecutarla con seguridad se necesita un mínimo de dos tripulantes: el timonel, que se dedica exclusivamente al gobierno, y un trimmer responsable de las velas y de mantener el contacto visual con la víctima.
paso 1
Ganar Espacio de Maniobra
Sin perder al náufrago de vista, consiga una ligera separación del punto de caída —una o dos esloras, según el tamaño del barco— para disponer de espacio para hacer la vuelta cerrada sin entrar sobre la posición del náufrago.
paso 2
Describir la Curva Cerrada en "0"
Con control del timón y ajuste de velas, describa una curva circular —un giro completo de radio reducido — que vuelva a situar la proa frente al náufrago.
Use la combinación de timón y vela apropiada para regular la velocidad: no se trata de acelerar, sino de mantener suficiente gobierno para cerrar el "0".
paso 3
Aproximación Final
Ya con el náufrago a la vista, en proa, finalice la maniobra poniendo el barco al pairo para frenarlo totalmente, dejando a la víctima, idealmente, a sotavento.
Alternativamente, si la puesta al pairo no es factible, proceda simplemente a desventar el barco, para aminorar la estropada al mínimo de control, de modo que el náufrago quede en la banda de sotavento, protegiéndolo del oleaje y del impacto directo con el casco.paso 4
Rescate
Ya con la aproximación finalizada, y la víctima al alcance del bichero, restará en condiciones de iniciar su recuperación, trayéndolo a bordo.
Maniobra del Quick-Stop o Parada Rápida
La maniobra de quick-stop o parada rápida —que es la traducción al español del término en inglés— está diseñada para detener el velero lo más cerca posible del náufrago, inmediatamente después de que este a caído al agua, evitando que el barco se aleje.
A diferencia del "Ocho" o del "Cero", que implican navegar una trayectoria de recuperación más amplia, el quick-stop busca actuar en el acto, manteniendo al hombre al agua a muy poca distancia.
paso 1
Puesta al Pairo Inmediata
Instantáneamente luego de que la víctima a caído al agua, proceda a virar por avante, llevando el barco al viento, sin tocar las escotas hasta que el barco quede con la vela de proa acuartelada, luego ajuste la mayor y cruce el timón de tal forma que el barco quede al pairo.
Hecho esto, el velero quedará detenido en el sitio, apenas derivando, don el náufrago alejado algunos metros del barco.
paso 2
Rescate
Como esta maniobra no propone regresar el barco a la posición del accidente, sino detenerlo para evitar seguir alejándose, es probable que deba apelar al lanzamiento de un cabo para ayudar al náufrago a acercarse al barco.
Luego, ya con la víctima al alcance del bichero, restará en condiciones de iniciar su recuperación, trayéndolo a bordo.
Métodos para Regresar la Víctima a Bordo
Hemos repasado hasta ahora las buenas prácticas relativas a la prevención de caída de tripulantes o pasajeros al agua, y luego las maniobras para retornar a la posición de la caída y aproximarnos a la víctima, sea navegando a motor o a vela.
Veremos ahora el último gran punto de este tema, que son las técnicas para traer al náufrago desde el agua, cerca del barco, nuevamente a cubierta, tanto cuando este esté consciente como inconsciente.
Acción de la Tripulación a bordo del Barco
La recuperación del náufrago debe ser efectuada en el menor tiempo posible, teniendo claras las acciones a ejecutar, para evitar demoras que aumenten el riesgo.
Por esta razón, las maniobras para sacar al náufrago del agua, y las acciones que continúen a éstas, deben organizarse mucho antes de que éste se encuentre al alcance de la mano.
paso 1
Evalúe la Situación Antes de Iniciar la Recuperación
Determine si la víctima está consciente, si tiene heridas de algún tipo que limiten sus movimientos de alguna forma, y si está en condiciones de entender instrucciones y llevarlas a cabo, colaborando de la maniobra.
Considere la vestimenta que el caído lleva puesta, pues su peso —y por lo tanto el esfuerzo necesario para sacarlo del agua— variará dependiendo de la cantidad de agua que haya absorbido su ropa.
Un pantalón y una remera mojadas agregarán no más de 4 o 5 kilos al peso, pero un traje de agua cerrado junto con sus botas puede sumar hasta 20 kilos adicionales por el agua embolsada, que, si no se los ha previsto, frustrarán el intento de sacar al naufrago del agua.
Verifique la dirección e intensidad del oleaje y del viento, y los movimientos del barco a fin de decidir por que banda es conveniente iniciar la recuperación del náufrago.
Las aguas calmas no plantean dificultades, pero en aguas agitadas o con oleaje intenso convendrá hacerlo por la banda de sotavento de tal forma que el casco del barco sirva de protección.
Evalúe que recursos tiene disponibles a bordo para sacar al naufrago del agua, incluyendo cabos libres y escaleras.
paso 2
Asegurar la Víctima
Al tener al náufrago a su alcance, y especialmente cuando las condiciones de las aguas sean desafiantes, conviene prevenir que se aleje del barco.
La técnica más simple para ello consiste en marrar la víctima con un cabo. Lance entonces uno para que la persona en el agua se amarre, o bien, enlazándolo si no puede sujetarse por sus propios medios.
Logrado esto deberá ir trayéndolo hacia el casco, con cuidado si las aguas están agitadas para que no sufra golpes.
Si la víctima presenta signos de cansancio, debilidad o está inconsciente, deberá preocuparse en prestarle ayuda para que mantenga su cabeza elevada fuera del agua durante la maniobra.
paso 3
Recuperar al Naufrago del Agua
Con el náufrago al costado del barco, comenzará la tarea de izarlo a bordo, utilizando los medios disponibles.
La escalera de baño de popa, o una escalera desplegable de emergencia, es la primera opción y la más adecuada, tanto para que el naufrago suba por sus propios medios o para llegar a su nivel si no está en condiciones de hacerlo por sí mismo.
Si no hubiese escaleras, puede intentar levantarlo con la fuerza de las manos. No debe subestimarse este trabajo, pues elevar el peso de una persona más el del agua que carga en su ropa, desde la altura del francobordo de la embarcación, requiere de fuerza y precaución en caso de mal tiempo, puesto que un golpe de mar puede soltar al caído o bien hacer caer también al socorrista, razón por la cual es recomendable llevar a cabo la maniobra entre dos o más personas, arrodilladas o sentadas sobre cubierta para minimizar los riesgos de caer al agua.
Otra opción consiste en dejar caer por la banda la escota de una vela de proa, haciendo firme su extremo en algún punto fijo de popa, de tal forma que el náufrago pueda hacer pie sobre ella ayudándose a subir a bordo.
Alternativamente, puede utilizar una driza sujetando a su extremo un arnés o la guindola, o bien formando con ella un lazo, y haciéndola llegar hasta el náufrago para que éste se sujete a ella. Luego, con la ayuda de uno de los molinetes, podrá elevarlo con cuidado para evitar golpes hasta traerlo sano y salvo a cubierta —necesitará más de una persona operando el molinete—.
Esta última alternativa puede combinarse con la botavara para mantener alejado al naufrago del casco del barco en caso de marejada fuerte.
Cuando el náufrago se encuentre inconsciente o imposibilitado de ayudarse a sí mismo, podrá usarse la vela de proa a modo de camilla, dejando caer el puño de driza por la borda hacia el agua y haciéndola pasar por debajo del cuerpo del náufrago. Esto debe hacerse sin soltar el puño de amura y cazando la escota para tensar el pujamen de la vela. Luego, una vez que la víctima ha quedado rodeada por la vela, debe comenzarse a cazar la driza con el molinete, con lo cual la vela ira subiendo, trayendo consigo a la persona a una posicion próxima a la cubierta, desde donde podrá ser finalmente traida a bordo. Esta maniobra debe hacerse lentamente, para dejar salir el agua de la vela mientras se la iza, vigilando que la persona dentro del embolsamiento quede siempre boca arriba.
Lo mismo puede lograrse con cualquier otra vela, una de las toldillas del barco o, inclusive, utilizando aparejos que se comercializan para tal fin.
Esta es una maniobra difícil de realizar pues por un lado debe ser llevada a cabo muy rápidamente por la urgencia que impone la situación del náufrago —está inconsciente o no puede valerse por sí mismo— y por otro lado debe ser hecha con sumo cuidado para no agravar esa situación.
El bote auxiliar —si se dispone de uno— puede ser de ayuda en maniobras de recuperación complicadas.
Échelo al agua y llévelo a una banda o a popa, haciéndolo firme al barco. Luego envíe uno o dos tripulantes al bote —sujetos con sus arneses al barco— para que ayuden a la persona en el agua a subir primero al bote, para luego pasarla al barco. Si éste último paso fuese complicado, puede levantar el bote con su aparejo acercándola al plano de la cubierta.
A pesar de que esta maniobra puede parecer lenta por todos los recursos que envuelve, suele ser la más eficaz cuando la persona que se ha caído está inconsciente, herida, cansada, o cuando su peso dificulte su rescate.
paso 4
Iniciar los Primeros Auxilios
Una vez que el náufrago está nuevamente a bordo, deben iniciarse de inmediato los procedimientos de primeros auxilios para estabilizarlo y volver a la normalidad.
Auto Rescate Navegando en Solitario
Los navegantes solitarios deben extremar las medidas de seguridad. El uso permanente de chaleco salvavidas y arnés unido a la línea de vida no es opcional, es mandatorio, pues es la única prevención real frente a una caída al mar cuando no hay tripulación que pueda asistir.
Esta norma sigue siendo mandatoria incluso cuando se navega en aguas tranquilas, de día o en zonas concurridas.
En navegación en solitario, la estrategia no es "caerse y volver a subir", sino "no caerse jamás".
El arnés, la línea de vida, la rutina de chequeos y la disciplina personal son el verdadero plan de rescate.
El equipamiento sirve como respaldo, pero la prevención es el 99% del éxito.
Además del equipo habitual, en navegación en solitario es altamente recomendable contar con los siguientes elementos específicos para el auto rescate:
Escalera
Accesible desde el agua, que pueda desplegarse con una sola mano.
Aparejo de Izado
Ubicado cerca de la escalera, para engancharlo al arnés y permitir que el propio navegante pueda izarse con mínimo esfuerzo.
Ante una caída al agua en solitario, el navegante ira siendo arrastrado —porque el barco continuará navegando— teniendo que hacer un esfuerzo tremendo para volver a acercarse al casco, en algún punto próximo a la popa, luchando contra la velocidad del agua mientras trata de mantenerse con la cabeza fuera del agua, respirando.
Así de dramático es.
Después de semejante paliza, tratar de treparse a la cubierta será difícil... por eso, contar con alguna polea que ayude a hacerlo, especialmente en barcos con popas cerradas y francobordo alto, será de gran ayuda.
Control Remoto del Piloto Automático
De preferencia, con función Hombre al Agua (MOB) que pongo al barco a orzar al punto de quedar automáticamente al pairo y frenado, o describir círculos, evitando que el barco se aleje.
Baliza Personal
De tipo PLB o AIS. sujeta al chaleco, para transmisión inmediata de la posición y aceleración del rescate por terceros, si el auto rescate falla.
Procedimiento de Auto Rescate
Lo que sigue es el paso a paso de lo que un navegante solitario debería ejecutar para auto rescatarse ante la eventualidad de una caída al agua. Si bien están, como lo dijimos, enumeradas en un paso a paso, en la realidad varias de esas acciones deben ocurrir prácticamente en simultaneo.
paso 1
Mantenga la Calma y Flote con Control
Si el chaleco no se hubiese inflado automáticamente, en caso de ser de ese tipo, hágalo manualmente.
Controle la respiración y oriente su cuerpo hacia la embarcación.
La prioridad inicial es mantener flotabilidad y lucidez.
paso 2
Active los Sistemas de Emergencia Personal
Si dispone de PLB o AIS-MOB, actívelo de inmediato. Esto asegura un plan “B” en caso de que el auto rescate falle, se demore más de lo esperado o pierda contacto visual con el barco.
paso 3
Aproximación al barco
Si el barco estaba corriendo a motor, en la medida de lo posible, evite siempre acercarse por la zona donde la hélice esté propulsándolo.
Si el barco estaba navegando a vela, y aun tiene arrancada, intente acercarse desde el lado de sotavento.
Ya próximo al caso, intente agarrarse a la popa. Espere el momento en que el barco quede más lento o accesible y capture un cabo, la escala o algún punto firme del casco.
paso 4
Izado o Acceso a la Cubierta con Escalera o Polea
Si el barco cuenta con escalera, use brazos y piernas, evitando esfuerzos bruscos que puedan causar calambres por frío.
Si cuenta con polea de izado, hágase firme a ella; suba poco a poco usando el aparejo como palanca.
Si está exhausto, suba por etapas, descansando colgado del arnés entre cada avance. Este descanso servirá también para que el agua dentro de la ropa drene, disminuyendo paulatinamente el propio peso a izar en cada momento.
Le doy tres conceptos básicos para navegantes solitarios.
- Su primer plan no debe ser rescatarse, debe ser no caerse.
- El piloto automático y el arnés junto con el chaleco salvavidas, son su “tripulación”... son los que lo ayudarán a rescatarse.
- Todo lo que no esté preparado antes, será imposible prepararlo después.
¿Por Qué es Tan Peligrosa la Situación de Hombre al Agua?
Aunque las caídas al agua no son los incidentes más frecuentes en la navegación deportiva y recreativa, su tasa de mortalidad supera el 40% según diversos estudios. Esto se debe a la combinación de dos o tres factores críticos:
Hipotermia
Cuando una persona cae al agua, su cuerpo queda expuesto a una masa líquida casi siempre más fría que la temperatura de su cuerpo —36,5°C a 37,0°C—. La transferencia de calor hacia el agua comienza de inmediato —debe recordarse que el agua conduce la temperatura hasta 25 veces más rápido que el aire—, por lo que la pérdida de temperatura corporal es constante y acelerada. Sin abrigo y sin rescate rápido, la víctima comienza a temblar, pierde coordinación motora, entra en confusión y somnolencia, y finalmente pierde el conocimiento. Una vez inconsciente, el siguiente paso es el ahogamiento.
Asumiendo una víctima que viste un traje de agua, y ropa acorde a la temperatura exterior —abrigado en zonas frías, menos abrigado en zonas templadas y cálidas—, si el evento sucede en aguas frías, con temperaturas por debajo de los 15°C, el proceso de hipotermia comenzará alrededor de los 4 minutos luego de caer al agua, y la ventana de tiempo para recuperarla con vida ronda los 20 minutos. En latitudes medias, con aguas entre 16°C y 22°C, la hipotermia comenzará luego de 20 a 40 minutos de iniciar la exposición al agua, y la ventana de rescate será de 2 a 6 horas, máximo. En latitudes más bajas y tropicales, en aguas con temperaturas de 13º o más, la hipotermia sobrevendrá más lentamente, entre 1 y 2 horas luego de caer al agua, y la ventana de rescate puede estirarse hasta 12 horas.
Pérdida de Contacto Visual
La gran mayoría de las veces, la víctima cae al agua mientras el barco está navegando.
Eso significa que, al momento de iniciarse el procedimiento de rescate, el barco estará alejado ya varios metros del naufrago, teniendo entre ellos olas que lo ocultarán de la vista del vigía —note que lo único que quedará visible de la persona en el agua será su cabeza, y una mínima ola de 30 centímetros alcanzará para ocultarla—. A eso se sumará la escora del barco, que colaborará en dificultar la localización del náufrago.
Falta de experiencia, conocimientos o preparación
La gran mayoría de las veces, la víctima cae al agua mientras el barco está navegando.
En buena parte de los casos fatales, quienes quedan a bordo y deben iniciar el procedimiento de rescate, no recuerdan como llevarlo adelante —solo lo practicaron en la escuela de náutica, y nunca más después de eso— o, aun conociéndolo, no tienen práctica suficiente para ejecutarlo en esa embarcación —por ejemplo, no saben cómo encender el motor—.
Estas situaciones agregan demoras que reducen la posibilidad de regresar rápidamente al punto de caída de la persona al agua.
La situación se agrava si el náufrago está solo, cansado o entra en estado de shock. Incluso navegantes experimentados pueden perder fuerzas y coordinar mal sus movimientos, dificultando el auto-rescate. Por eso, la prevención —usar siempre chaleco y arnés—, la vigilancia constante y los procedimientos de rescate estandarizados son absolutamente críticos: Cada minuto cuenta, y la diferencia entre un rescate exitoso y un desenlace fatal muchas veces depende de la rapidez y la preparación previa de la tripulación o del navegante solitario.
Este ha sido un artículo largo, sin embargo, por la importancia del tema, creemos que merecía es extensión.
Nuestra intención fue proveer todos los elementos teóricos como para que el lector pueda fundamentar su propia preparación, pues la experiencia demuestra que un rescate exitoso depende de la prevención, de la disciplina en las maniobras y de la capacidad de reaccionar metódicamente ante la emergencia. En esa situación, cada segundo cuenta, y lo que se haga —o no se haga— en los primeros instantes puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. En la próxima nota aportaremos algo respecto de las líneas de vida.
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Fuentes
Este texto forma parte del Manual de Instrucción del Curso de Timonel de Yate de Vela y Motor de la Escuela de Náutica del Club de Veleros Piedrabuena.
ISBN 978-987-88-2752-0
Reproducido con autorización del autor.
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