Manual del Curso de Timonel de Yate de Vela y Motor
San Isidro, Argentina
CVPB - Jorge Messano
03-Nov-2025
10 minutos
Capítulo 03: Navegación
Magnetismo Terrestre: El Compás Magnético y la Brújula.
Introducción
Desde tiempos remotos, el ser humano buscó un medio confiable para orientarse en el mar —y en tierra firme también— cuando las referencias costeras o los astros no eran visibles.
La observación de que algún tipo de figura metálica o una aguja imantada tiende a alinearse según una dirección fija condujo al desarrollo de la brújula, uno de los instrumentos más antiguos y revolucionarios de la navegación. Con el progreso de la ciencia y las necesidades de la navegación oceánica, la brújula evolucionó hasta convertirse en el compás magnético, un instrumento más estable y preciso, diseñado para ser utilizado a bordo de los buques.
Ambos se basan en el mismo principio físico —la acción del campo magnético terrestre sobre un imán— pero difieren en su construcción y en el modo en que permiten determinar y mantener un rumbo con exactitud.
La Brújula
La brújula está compuesta por una aguja imantada, fabricada con materiales ferrosos dotados de propiedades magnéticas, cuyo centro se apoya sobre un eje vertical o pivote que le permite girar libremente en el plano horizontal. El extremo de la aguja que apunta hacia el Norte magnético se identifica habitualmente con un color distinto, una letra “N” o una pequeña marca luminiscente.
La aguja se dispone sobre un limbo, que es una rosa de los vientos, graduada en el sistema sexagesimal, en 360 grados. Este limbo suele incluir al menos las marcas de los cuatro puntos cardinales —Norte, Sur, Este y Oeste— y en muchos modelos también las subdivisiones intermedias. El limbo está fijado a la caja o chasis de la brújula, de modo que no gira junto con la aguja.
La brújula.
Todo el conjunto se aloja dentro de una carcasa circular, con una tapa transparente de vidrio o plástico, que permite observar la aguja y leer la dirección hacia la que apunta. En algunos modelos, especialmente los utilizados en orientación terrestre, se añaden líneas de fe, espejos de lectura o visores, que ayudan a tomar rumbos visuales más precisos.
Aunque la brújula es un instrumento simple, económico y fácil de fabricar, resulta poco práctica a bordo de embarcaciones. Los movimientos del barco —especialmente los balances y cabeceos— hacen que la aguja se incline o se trabe, perdiendo su libertad de movimiento y, por lo tanto, su precisión. Además, requiere ser observada desde arriba, lo que dificulta su uso en la timonera o en condiciones de navegación adversas.
El origen de la brújula se remonta a la China antigua, durante la dinastía Han (siglo II a.C.). Los primeros registros describen el uso de una piedra imán o lodestone —una magnetita natural— montada sobre un soporte que podía girar libremente. En sus comienzos no se utilizaba para la navegación, sino para fines adivinatorios y geománticos dentro del feng shui, con el objetivo de determinar orientaciones favorables en templos y construcciones.
Hacia los siglos X y XI, los chinos ya empleaban agujas imantadas flotantes en agua o suspendidas de un hilo, y existen descripciones precisas en textos de la época —como el de Shen Kuo, en el año 1088— que demuestran su aplicación práctica para orientarse en el mar y en tierra.
La brújula llegó a Europa a través del mundo árabe, probablemente por las rutas comerciales del Mediterráneo y el Índico. Los primeros registros europeos datan del siglo XII, cuando marinos italianos y árabes comenzaron a utilizarla de forma regular. Un tratado inglés de alrededor del año 1180, atribuido a Alexander Neckam, es uno de los primeros textos occidentales que menciona su uso a bordo.
Ya en el siglo XIV, la brújula era un instrumento común en los barcos del Mediterráneo y del Atlántico, y su introducción fue decisiva para el inicio de la Era de los Descubrimientos.
El compás magnético representa la evolución natural de la brújula, adaptado específicamente para su uso a bordo de embarcaciones, donde las condiciones de movimiento y vibración hacen ineficaz a la aguja suspendida de la brújula tradicional.
En el compás, es la Rosa de los Vientos la que se orienta hacia el Norte magnético —en lugar de la aguja, como en la brújula— gracias a un conjunto de imanes fijados en su cara inferior, denominado equipaje magnético. Estos imanes están dispuestos paralelamente y alineados con el eje Norte-Sur de la Rosa, lo que otorga al conjunto una mayor sensibilidad y estabilidad direccional. De esta manera, aun cuando el compás gire o la embarcación cambie de rumbo, la Rosa mantiene su orientación respecto del meridiano magnético del lugar.
La Rosa está montada dentro de un contenedor estanco lleno de una mezcla de agua destilada y alcohol, donde el agua actúa como fluido amortiguador que reduce las oscilaciones causadas por el movimiento del barco, mientras que el alcohol cumple funciones de anticongelante y evita la formación de burbujas.
El conjunto permite la lectura de la Rosa desde cualquier posición, ya que flota libremente dentro del líquido. En este instrumento, la antigua aguja móvil de la brújula es reemplazada por una línea de fe fija, representada por un trazo o filamento sobre el cristal o sobre la carcasa del compás, que indica la dirección a la que va la proa del barco. Así, el rumbo magnético del buque se obtiene leyendo en la Rosa el valor que coincide con esa línea de fe.
El Desvío del Compás
El desvío del compás es un error propio del instrumento, producido por la influencia magnética producida por otros elementos existentes dentro de la embarcación.
Entre las causas más frecuentes se encuentran las masas metálicas cercanas al compás, los campos electromagnéticos generados por equipos eléctricos o electrónicos, y la imantación permanente o inducida de estructuras del buque, como el casco o los mástiles de metales ferrosos, o los motores. También puede variar ligeramente con los cambios de rumbo o de latitud, debido a las modificaciones que sufre la relación entre el campo magnético terrestre y los elementos magnéticos del barco.
Para reducir o evitar este error, el compás debe instalarse lo más alejado posible de grandes masas metálicas y de fuentes eléctricas. Es importante no guardar objetos ferrosos o imantados en las proximidades y mantener fijas las instalaciones eléctricas cercanas para evitar variaciones en el campo magnético local. Debe verificarse periódicamente el desvío comparando el rumbo del compás con direcciones conocidas, y cuando sea necesario se realiza la compensación del compás, ajustando los pequeños imanes o las esferas de Kelvin hasta lograr una lectura correcta.
Este error, junto con la declinación del campo magnético deben considerarse al momento de calcular un rumbo.
Compás y esferas de Thomson.
Supongo que alguna vez habrá visto un "coso" como el de la imagen de la derecha, en algún barco, ¿no?
Bueno... ese "coso" es en realidad un compás montado en un pedestal o bitácora, y las pelotas que tiene a los costados se llaman bolas de compensación o esferas de Thomson, o menos asiduamente, esferas de Kelvin.
Son dos esferas metálicas, generalmente de hierro dulce, que se colocan a ambos lados del compás magnético, sostenidas por brazos regulables. Su función es corregir el desvío causado por la imantación horizontal permanente del buque.
Cuando una embarcación está construida con materiales ferrosos o cuenta con motores y estructuras metálicas, estas adquieren cierta magnetización permanente que genera su propio campo magnético, el que interfiere con el del compás, desviándolo.
Para compensar ese efecto, se ajusta la posición de las esferas acercándolas o alejándolas del compás, y moviéndolas hacia arriba o hacia abajo hasta que la lectura del instrumento coincida con el Norte magnético real. Su influencia puede aumentarse o disminuirse según la distancia a la Rosa del compás. En la práctica, este procedimiento se realiza durante el proceso de compensación del compás, en el que un especialista —el “compasista”— verifica los errores en distintos rumbos y regula tanto las esferas como los imanes correctores colocados en el interior del compás.
Las bolas de Kelvin actúan únicamente sobre los errores producidos por magnetización horizontal permanente. Otros tipos de desvíos —como los provocados por magnetización inducida o por variaciones locales— se corrigen mediante imanes adicionales o con la colocación de una barra vertical llamada barra Flinders, situada cerca del compás para contrarrestar la magnetización vertical.
En la nota anterior hemos presentado el magnetismo terrestre, y en este hemos explicado cómo trabajan la brújula y el compás, siguiendo el flujo del campo magnético.
En la próxima nota veremos entonces como se resuelve la diferencia de orientación del fiel del compás, respecto del Norte verdadero, es decir del Norte geográfico.
Mientras tanto, puede entretenerse con este ejercicio.
Este texto forma parte del Manual de Instrucción del Curso de Timonel de Yate de Vela y Motor de la Escuela de Náutica del Club de Veleros Piedrabuena.