Manual del Curso de Timonel de Yate de Vela y Motor
San Isidro, Argentina
CVPB - Jorge Messano
03-Ene-2026
9 minutos
Capítulo 05: Seguridad a Bordo
Control de Averías: Varaduras
Introducción
Se denomina varadura a la situación en la que una embarcación queda apoyada total o parcialmente sobre el fondo, ya sea de manera voluntaria o involuntaria, quedando impedida de navegar.
Deben existir pocos lugares en el mundo como el Río de la Plata, particularmente en su cauce superior, donde los navegantes estén en riesgo cuasi permanente de vararse. Por esa razón es que —quizás más que en otras latitudes— debemos conocer las técnicas para liberarnos de las varaduras.
Varadura.
Para curiosos...
Efectivamente, existen otros lugares del mundo donde los navegantes deben estar permanentemente atentos a la altura de la marea y a la información que marca la ecosonda, ya que la escasa profundidad es una condición habitual y no una situación excepcional.
Velero de quillote doble.
Por ejemplo, en el Mar del Norte, las zonas costeras de los Países Bajos, Alemania, Dinamarca e Inglaterra se caracterizan por presentar extensas áreas de aguas someras y mareas de gran amplitud, lo que hace que el riesgo de quedar varado sea permanente. En estas regiones incluso se diseñan embarcaciones específicas, como los veleros de quillote doble, pensados para poder quedar apoyados sobre el fondo en posición vertical durante la bajamar.
De manera similar, las costas de Finlandia y Suecia en el Golfo de Botnia, en el Mar Báltico, así como la Bahía de Chesapeake y el Delta del Mississippi en los Estados Unidos de América, presentan amplias zonas de poca profundidad, donde la navegación deportiva se desarrolla en condiciones muy similares a las que enfrentan habitualmente los navegantes del Río de la Plata.
Prevención
Toda varadura implica riesgos para la estructura de la embarcación, por lo que debe ser evitada en la medida de lo posible.
En la navegación deportiva, las varaduras suelen estar asociadas a errores de navegación, lectura incorrecta de las cartas náuticas, desconocimiento de la zona, fallas en la planificación de la derrota o variaciones imprevistas del nivel del agua en ríos y estuarios, producidas por cambios no revisados en las condiciones meteorológicas.
Las varaduras pueden producirse sobre fondos de arena, barro, grava, roca o coral, y su gravedad dependerá tanto de la naturaleza del fondo como de las condiciones ambientales y del estado de la embarcación. Evidentemente, el riesgo no será el mismo si el barco toca fondo navegando sobre un lecho de barro o arena fina a baja velocidad, que si encalla sobre un arrecife de coral o una restinga rocosa corriendo a 18 nudos.
Varadura increíblemente grave.
En el primer caso, los daños podrán ser menores o incluso imperceptibles—entendiendo que la embarcación se haya liberado de la varadura—, sin embargo, nunca debe asumirse que no existen daños, ya que todo contacto del quillote o del timón con el fondo, por mínimo que sea, genera esfuerzos estructurales para los cuales la embarcación no siempre está preparada. En el segundo caso, es altamente probable que las consecuencias sean graves o directamente desastrosas.
La primera regla para prevenir las varaduras —y los riesgos asociados a ellas— es muy simple: no navegue en áreas donde no exista profundidad suficiente para hacerlo con un margen de seguridad adecuado.
Luego, cuando planifique una navegación hacia un destino desconocido, tómese el tiempo necesario para actualizar las cartas náuticas de la zona, consultar derroteros y a otros navegantes, y definir una ruta segura en función del calado de su embarcación y del margen de seguridad requerido. Considere también las mareas del lugar y comprenda cómo estas pueden afectar su derrota y las zonas donde eventualmente podría fondear.
Control de Daños
Ante una varadura, la primera maniobra que deberá intentar para liberarse de ella es deshacer el camino andado, saliendo hacia popa, por el mismo rumbo por el cual se ha llegado. En barcos propulsados por motor —incluyendo a los veleros que los tengan— podrá darse directamente marcha atrás para intentar salir de esa forma. Los veleros que no cuenten con motor deberán necesariamente intentar virar para poner proa hacia el rumbo de salida, cuidando en el proceso de no dañar el timón, pues éste podría golpear contra algún montículo o roca del fondo —el mismo contra el que se ha varado—. Tenga cuidado al usar el motor, pues si la entrada de agua del sistema de refrigeración estuviese cerca del fondo, podría ingresar arena o barro en el circuito, provocando su recalentamiento en el momento menos adecuado.
Si la varadura fuese más severa, amenazando con extenderse en el tiempo, será momento entonces de comenzar a evaluar otras tácticas en función de las condiciones del suelo, la marea y la meteorología.
Escorar el velero.
En aguas someras, la siguiente opción lógica en veleros será la de escorar la embarcación al máximo, llevando toda la tripulación a la banda de sotavento, dejando solo al timonel dentro del cockpit a cargo del timón y el motor. Para aumentar aún más la escora, podrá sentar algún tripulante en la botavara, sacándola luego hacia afuera del barco hasta que quede perpendicular a la línea de crujía.
En el extremo de la maniobra, y siempre que el palo y la jarcia sean lo suficientemente resistentes, puede sentar a otro tripulante en una guindola —una silla volante, colgada de una driza, por ejemplo— haciéndolo balancear fuera del barco. Si fuera necesario, puede sumar a la maniobra de escora el remolque desde otra embarcación de menor calado.
Si la marea bajase al punto de obligar al barco a quedar recostado en el fondo, deberá tratarse de prevenir daños en el casco y prestarse atención al momento en el que el agua comience a subir nuevamente para soltarlo del suelo. Si no se hiciera esto, el golpe de las olas terminará agravando la varadura, enterrando el barco aún más en el lecho si es blando al mismo tiempo que va inundando su interior, y todo podría finalizar con el barco hundido cuando la marea llegue a la pleamar.
¿Alguna vez se quedó parado en la orilla del mar?
¿Notó cómo los pies se van enterrando en la arena a medida que van y vienen las olita
Barco hundido en la arena.
Bueno... eso sucede porque al licuarse el suelo bajo sus pies con cada pasada de las olas, su peso empuja hacia abajo cayendo lenta pero constantemente en esas arenas movedizas.
Lo mismo pasaría con un barco varado en la costa. Si no se actúa debidamente, el barco —que es mucho más pesado que Usted— quedará enterrado debajo de la arena en muy poco tiempo.
Para liberar una embarcación que ha quedado acostada en el lecho, deberá rápidamente —esto es antes de que comience a regresar la marea— cavarse una zanja debajo de su quillote y del timón y a lo largo de la línea de la quilla, buscando reducir la inclinación del barco al máximo posible. El objeto de esta maniobra es evitar que el agua ingrese en el interior del barco a medida que aumente la marea. Si se ha hecho un buen trabajo, en algún momento el barco comenzará a deslizarse en la zanja y empezará a flotar liberándose de la varadura a medida que avance la pleamar.
Si luego de cavar la zanja le quedase tiempo, continúe extendiéndola hacia aguas navegables buscando crear un camino de salida de la varadura.
Anclado para salir de la varadura.
También puede aprovechar la bajamar para llevar un ancla —o más de una— y fondearla en una posición que luego, cuando el barco haya recuperado algo de flotabilidad, sirva para traccionar hacia aguas más profundas. El ancla no solo servirá como punto de apoyo para tirar de ella en la salida de la varadura, sino que también será conveniente usarla en el momento en el que ya queda claro que será una varadura grave, para sostener la embarcación en el mejor punto posible, evitando que el viento o la corriente la lleven a una zona que agrave la situación.
Esto es muy importante hacerlo cuando se trate de zonas rocosas, pues en caso de varar en ellas, el barco estará sujeto a un serio riesgo de sufrir roturas y daños mayores, producidos por el oleaje que lo empujará contra las piedras.
En cualquier caso, luego de una varadura será conveniente realizar una revisión de la estructura del barco, especialmente en la obra viva, para verificar que no ha sufrido daños, y si los tuviese, efectuar las reparaciones necesarias.
Este texto forma parte del Manual de Instrucción del Curso de Timonel de Yate de Vela y Motor de la Escuela de Náutica del Club de Veleros Piedrabuena.