Manual del Curso de Timonel de Yate de Vela y Motor
San Isidro, Argentina
CVPB - Jorge Messano
02-Oct-2025
12 minutos
Capítulo 01: El Barco
Conceptos Elementales: Tipos de Velas
Introducción
La vela es el alma de todo velero. No solo constituye su principal medio de propulsión, sino que también define en gran medida el carácter y el comportamiento de la embarcación mientras navega.
A lo largo de la historia, los navegantes han desarrollado distintos tipos de velas, adaptándolas a las necesidades de la navegación de cada época, a las condiciones de viento predominantes y a los avances en diseño naval. La forma, el tamaño y la disposición de cada vela determinan cómo un barco puede aprovechar la fuerza del viento, su capacidad de maniobra y su eficiencia en diferentes rumbos.
Comprender los tipos de velas es esencial para quien se inicia en la náutica o simplemente desea conocer cómo funcionan los veleros. Desde las grandes velas cuadradas de los navíos históricos, pasando por las latinas del Mediterráneo, hasta las modernas velas bermudas y sus complementos de proa y portantes, cada diseño tiene ventajas y limitaciones particulares. Esta diversidad refleja la evolución de la navegación y permite apreciar cómo el ingenio humano ha sabido transformar el viento en movimiento y libertad en el mar.
Tipos de Velas
Vela Cuadra
Las velas cuadras o cuadradas son uno de las clases de velas más antiguas y características de la navegación a vela.
Vela cuadra.
Estas velas pueden rastrearse en la historia hasta las primeras naciones alrededor del mar Mediterráneo, pues fueron usadas tanto en el antiguo Egipto como por los mercantes griegos, asirios y fenicios, y más tarde por los romanos. Los drakkars vikingos y los sampanes en Asia también navegaban con velas cuadras.
Las naves de Cristóbal Colón y los grandes viajes de exploración y descubrimiento que ocurrieron a lo largo de los siglos XVI y XVII se hicieron en buena parte con barcos impulsados por velas cuadras, cuyos fieles servicios se extendieron hasta bien entrado el siglo XIX.
A pesar de su nombre, no siempre son estrictamente cuadradas, pues suelen ser rectangulares o trapezoidales. Su montaje y operación es realmente simple: Se despliegan colgándolas de vergas perpendiculares al palo, y se orientan al viento utilizando una braza y una escota por cada lado —las brazas controlan los penoles o extremos de la verga, y las escotas los puños o esquinas inferiores del paño de la vela—. En los grandes buques de vela se utilizaban varias velas cuadras en diferentes palos a fin de obtener la fuerza suficiente para desplazar el peso de esas enormes embarcaciones.
Su mayor virtud es la potencia que entregan con vientos portantes —es decir, cuando el viento sopla desde popa hasta el través del barco—. En estas condiciones, las velas cuadras ofrecen una superficie enorme que actúa capturando gran cantidad de viento y empujando el barco hacia adelante.
La principal limitación de este tipo de velas es su pobre rendimiento con vientos por la amura —es aquel que entra desde el través hacia la proa—. Al no poder orientarse de manera eficiente hacia el viento, los barcos con velas cuadras no podían navegar cerrando mucho el ángulo contra el viento. Esto obligaba a depender de rumbos más abiertos, maniobras de bordadas amplias y, en muchos casos, a complementar el aparejo con velas auxiliares de tipo de cuchillo —como las latinas, cangrejas o foques— para mejorar la maniobrabilidad en distintos rumbos.
En la actualidad, las velas cuadras han quedado en desuso en la navegación recreativa y deportiva, pero siguen presentes en buques escuela y embarcaciones históricas que mantienen viva la tradición marinera. Su imponente silueta, con decenas de paños distribuidos en varios palos, constituye un símbolo de la época dorada de la navegación a vela y un recordatorio del ingenio humano para aprovechar la fuerza del viento en los mares del mundo.
La Fragata Libertad con Velas cuadras.
Vela al Tercio
La vela al tercio se caracteriza por ser de forma casi rectangular, sostenida por una verga o percha en su lado superior y una botavara en su base. La percha se cuelga del mástil por su tercio delantero —de allí su nombre, pues dos tercios de la percha quedan a popa del mástil mientras que el otro tercio queda del lado de proa del mástil—. Están diseñadas para navegar con vientos francos, es decir aquellos que soplan entre el través y la popa.
Velas al tercio.
El origen de la vela al tercio no es claro, pero se sabe que alcanzó gran difusión durante el siglo XVIII en las costas de Gran Bretaña y Francia, a lo largo del Canal de la Mancha, impulsando a los rápidos barcos empleados por los comerciantes y contrabandistas que navegaban esas aguas, e inmediatamente después por los oficiales de aduana encargados de controlarlos.
Vela al tercio.
Estas velas eran también utilizadas en los juncos chinos —de hecho, Marco Polo las documentó muy bien en los relatos de sus viajes—. Las principales diferencias eran que en el lejano oriente esas velas tenían un poco más de altura que las usadas en los mares de Europa, con un borde redondeado —en lugar de ser rectas— y se las reforzaba con cañas de bambú o listones de maderas livianas que las cruzaban en forma horizontal.
Vela Latina
La vela latina es, en cambio, una vela de forma triangular, que inicio a la denominación de velas de cuchillo, y que establece longitudinalmente en el centro del barco, sobre la crujía, a diferencia de las velas cuadras que se alinean transversalmente a la línea de crujía. Esta vela va suspendida de una larga percha denominada entena que, a su vez, pende de un mástil de poca altura, inclinando luego el penol de la percha que queda a proa hasta lograr que la base del triángulo de la vela quede horizontal, paralelo a la cubierta.
Según algunas hipótesis, sus inventores fueron los árabes, quienes la usaban en las embarcaciones típicas del río Nilo, que aún hoy existen. Otros afirman que los árabes tomaron la idea de los barcos de la Polinesia —islas que dieron origen a grandes marinos— que navegaban las costas del océano Índico llegando al Mar Rojo.
El recorrido más frecuente abarcaba desde el Golfo Pérsico hasta Zanzíbar, aprovechando los vientos del Noreste provocados por los monzones. Luego esperaban el cambio de estación y volvían con los vientos del Sudoeste. En el caso de los europeos, la navegación era a vista de costa, con recaladas en puerto muy frecuentes, coincidentes con el advenimiento de mal tiempo.
Mas tarde, en Europa, con la aparición de barcos de 2 y 3 palos, continuó utilizándosela, pero como una vela de popa, es decir, como una vela de mesana.
La principal ventaja de esta vela es que permite navegar en direcciones contra el viento.
Su desventaja reside en que trabaja bien al recibir el viento únicamente de un determinado lado. En el lado opuesto, la vela no logra inflarse completamente al estar impedida por el mástil, que corta la bolsa al medio. La cuestión se resuelve pasando la entena de banda, de modo de acompañar el cambio de dirección del viento, maniobra que requiere cierto tiempo. Por esa razón es que esta vela era usada generalmente cuando se encaraban travesías largas con vientos favorables, predominantes del mismo lado.
Vela latina.
Las velas triangulares que vemos en las proas de los veleros de nuestros días derivan de la vela latina.
Vela triangular.
Al empezar a aumentar la eslora —la longitud— de los barcos y agregarse mástiles, no era fácil colocar en ese diseño la vela latina tal como se la conocía; y tampoco se la podía utilizar pues los navegantes ya habían comprendido que una vela triangular colocada a proa ayudaba a equilibrar el aparejo y mejorar el rendimiento al navegar contra el viento.
Así que comenzó a colocarse la vela latina, no ya sobre una percha inclinada, sino enganchándola a los stays que sostienen el mástil desde la proa.
Esa vela siguió evolucionando y convirtiéndose en las que hoy conocemos como foques, trinquetillas o genoas, por nombrar algunas de sus versiones.
Vela Tarquina
La vela tarquina puede ser de forma trapezoidal o rectangular, fijándose uno de sus lados al mástil y elevando el extremo superior que queda a popa mediante una percha que se cruza diagonalmente sobre el plano de la vela partiendo desde la mitad del mástil.
La vela tarquina fue muy usada por los holandeses en el siglo XVI, utilizándola para bordejear con sus pequeños veleros en sus canales angostos y poco profundos.
Actualmente podemos ver este tipo de vela en los veleros de clase Optimist.
Es usada también en aparejos proa-popa, es decir que la vela trabaja siguiendo la línea de crujía del barco, favoreciendo maniobras próximas al viento, virajes y ceñida respecto al viento.
Vela tarquina, veleros de clase Optimist.
Vela Cangreja
La vela cangreja consiste en un paño trapezoidal asimétrico, de tamaño importante, con su lado más corto tomado del mástil, y que se extiende hacia popa sosteniéndola con una botavara en su base y una percha volante —llamada pena— en su tope, izada y sostenida con una driza.
Esta vela permite aprovechar el viento de manera eficiente en embarcaciones de desplazamiento pesado, siendo especialmente adecuada para navegaciones largas y constantes en direcciones contrarias al viento. Su gran tamaño facilita también la tarea de cambiar el rumbo o virar en veleros de quilla corrida.
La vela cangreja tenía por objetivo facilitar que los grandes veleros pudieran "orzar" y mantenerse navegando en ángulos algo más cerrados a la dirección del viento. Fue tan exitosa en esta tarea que su uso se extendió hasta mediados del siglo XX.
Vela Cangreja.
Vela Bermuda
La vela bermuda o vela bermudiana —lleva ese nombre pues proviene de las Islas Bermudas— es triangular y se monta sobre el mástil extendiendo su base con una botavara. Este tipo de vela es la que usualmente vemos montadas como vela mayor en los veleros de nuestros días.
La vela bermuda es hoy la más utilizada en los veleros modernos, ya que además de servir con vientos portantes, su eficiencia aerodinámica permite aprovechar también los vientos que soplan desde unos 045º desde la proa, logrando así que el velero pueda navegar en direcciones contrarias —en realidad, tangenciales— a la del viento.
Veleros con cascos similares, equipados unos con aparejo de cangreja y otros con aparejo de bermuda, se enfrentaron por primera vez en las Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1920.
El resultado fue que los aparejados de tipo bermuda resultaron claramente superiores a sus rivales gracias al mejor aprovechamiento del viento que estas logran, consolidándose a partir de ese momento el uso de las velas triangulares, mejorando con el paso del tiempo, hasta prácticamente dominar el diseño ya cerca de 1930.
En la próxima nota introduciremos los tipos de aparejos –combinación de mástiles y velamen— para luego poder comenzar a hablar del trimado de las velas, y como obtener de ellas su máxima potencia.
Mientras tanto, si se anima, puede utilizar el siguiente ejercicio de autoevaluación de conocimientos, para chequear lo aprendido hasta el momento.
Este texto forma parte del Manual de Instrucción del Curso de Timonel de Yate de Vela y Motor de la Escuela de Náutica del Club de Veleros Piedrabuena.