Hay barcos que se diseñan en un estudio, con tablas de hidrostática, un arquitecto naval firmando los planos, y que tiempo después se hacen realidad en el astillero. Y hay barcos que se nacen al revés... primero existen, después alguien les pone nombre, y quizás luego terminan dibujados sobre un papel para ordenar la cuestión administrativa.
El "H20" es de los segundos, pues antes de haberse convertido en el velero más popular del Río de la Plata con cientos de cascos repartidos entre ambas orillas, de conformar una clase con reglamento propio, y ser la única embarcación alrededor de la cual se organiza un encuentro nacional, fue apenas el deseo de un hombre de Quilmes que quería su propio barco —uno bueno y marinero— y no tenía plata para comprarlo hecho.
Ese hombre se llamaba Jorge Heguilor.
Jorge Heguilor Nació en Quilmes, el 13 de abril de 1923, y aunque su familia no era de navegar, el río lo tuvo cerca desde chico.
Desde los diez años, llevado por un tío, comenzó a frecuentar el Club Náutico Quilmes, en una época en que las playas de Quilmes todavía eran un espectáculo de fin de semana, visitadas por caravanas de autos y camiones llenos de gente bajando hasta la costa para disfrutar del Sol y el agua.
Jorge no salía a navegar con frecuencia, pero el agua y los barcos estaban frente a él, y eso es magnético... solo hacía falta que se presentase la oportunidad que lo llevara a, finalmente, comenzar a pasar más tiempo en el agua que en la playa.
Y eso sucedió cuando tenía unos 20 años. En ese momento ya trabajaba en la "Cristalería Rigolleau", y un amigo lo convence de comprar un barco con dinero prestado por la madre de este —la madre de su amigo—. Así fue que a los pocos días terminaron adquiriendo un velero similar a un Snipe que estaba en el Club San Fernando.
Jorge cuenta en un reportaje que con ese velerito navegaban cerca de la playa, buscando pasar cerca de las chicas. Lo que no dice —tampoco se lo han preguntado— pero es fácil de imaginar es que seguramente fue sobre ese velero que se consolidó su unión con la navegación a vela; donde aprendió a dominar la técnica y comprender la mecánica de un velero y, probablemente, donde también comenzó a imaginar su siguiente paso.
De un Casco que se Pudría al "Fog II"
Ya más adulto puso un taller de molduras de plástico en el bajo de Quilmes, sobre la calle 25 de Mayo casi Cevallos, en el que fabricaba guardabarros para automóviles y cascos de conducir. Y una cosa lleva a la otra: hacía rato que el Snipe había quedado chico, y el plástico —la fibra de vidrio, para ser exactos— ya era el material adoptado para fabricar cascos de embarcaciones, así que la idea de fabricar su propio barco empezó a formarse en su cabeza, seguramente primero como una cosa informe que, a medida que pasaban los días y el cerebro trabajaba conectando cosas, fue convirtiéndose en algo factible.
Justo en esos meses, en el varadero del Club Náutico Quilmes había un casco de la clase Quilmes —un viejo "Clase O" diseñado por el arquitecto naval estadounidense John Alden, traído por los socios desde Estados Unidos décadas atrás— que se estaba deshaciendo a la intemperie, y que la Comisión Directiva había decidido deshacerse de él, poniéndolo a la venta.
Heguilor vio la oportunidad y lo compró por 800,- pesos. "Era poca plata", diría medio siglo después, y se le nota en la frase que ese precio calzaba justo en lo que su presupuesto permitía.
Investigando un poco más, podemos decir que esos 800,- pesos equivaldrían a unos 150,- a 160,- dólares de la época.
A su vez, para tener una referencia más concreta, esos 150,- a 160,- dólares equivalían a, aproximadamente, algo más de dos sueldos mínimos mensuales de esos años.
Llevó ese viejo casco de Alden a su taller y, trabajando fuera del horario de atención al público, comenzó a ver qué hacer con él. Lo dio vuelta, lo limpió y, seguramente para hacerlo algo más confortable, le modificó la proa, la popa y la manga, y le dio más francobordo. Lo envolvió en espuma de poliuretano, después lo forró en fibra de vidrio y, cuando el laminado curó, lo desmoldó. Luego fabricó una cabina de madera terciada, también enfibrada.
Todos esos cambios fueron totalmente artesanales realizados por Jorge con la ayuda de su hijo, con poco sostén de dibujos o conceptos revisados sobre planos. Fueron cosas que tenía en su cabeza, y que de ahí fueron directamente a sus manos, y de sus manos al casco del barco.
Luego había que equiparlo. Según sus propias palabras, y en orden con lo dicho, don Jorge recordaba que "el diseño del aparejo, timón, maniobra y otros elementos, fueron el producto del menos común de mis sentidos".
El quillote se lo compró a un amigo que, años antes, había abandonado la construcción de su velero. El mástil era un palo usado de un Soling que, como tenía la punta doblada, pasó por el filo de una sierra.
Y así fue que, de la deteriorada madera del viejo "Clase O", y de sus propios conceptos, dos años después, en 1974, salía por el portón de su taller un barco nuevo al que bautizó "Fog II".
Lo botó en el Náutico de Quilmes, junto con su hijo y ayuda del contramaestre del Club trenzaron los obenques y stays y levantaron el mástil, un rato después colocaron las velas y terminaron de ajustar alginas cosas. Y así como estaba, al día siguiente se lanzó a cruzar el río, poniendo proa a la costa uruguaya.
Con ese cruce nació, sin que nadie lo planeara todavía, el primer "H20".
El Café que Fundó una Clase
Si el "Fog II" fue el origen técnico del "H20", hubo un segundo momento —más corto, casi anecdótico— que fue el origen comercial.
Una Semana Santa, Heguilor cruzó con su hijo hasta la Barra de San Juan, del lado uruguayo del río, y se arrimó a medirse con los demás veleros que hacían la misma derrota.
El suyo, más liviano y con un aparejo más moderno que el resto, andaba bien, y se notaba.
A la vuelta, un médico de Guernica, provincia de Buenos Aires, lo invitó a tomar un café y, en pocas palabras, le pidió un velero igual al "Fog II". La primera reacción de Heguilor fue la esperable en alguien que se había pasado dos años armando el suyo en los ratos libres del taller: que se lo hiciera él mismo.
Pero se quedó pensando. Casco y cubierta, en rigor, ya sabía hacerlos —tenía el molde—. Fue hasta Guernica y le propuso un plan distinto: en vez de un barco, hacía seis de una sola vez, para repartir el costo del molde entre varios. Uno para el médico, uno para él, y cuatro más para quien quisiera sumarse al grupo. Consultó a los primeros cuatro interesados que se le ocurrieron. Los cuatro dijeron que sí.
Así, sin proponérselo del todo, un tallerista de guardabarros se convirtió en constructor de veleros en serie.
El Ritmo de un Astillero de Barrio
Lo que siguió fue crecimiento lento y sostenido, fabricando un barco por mes al principio, después dos, luego cuatro, hasta llegar a un máximo de seis por mes en el año 1978. Quince años de producción en los que, según la cuenta del propio Heguilor, se fabricaron 745 unidades del "H20" —es la flota más numerosa de un solo modelo que se haya botado en el Río de la Plata—. Todo desde un galpón en Quilmes, y el empuje personal de Heguilor y su equipo de trabajo.
Además de esos 745 "H20" fabricados en su propio taller, el propio Heguilor cuenta que prestó la matriz a otras personas —entre dos o tres— que fabricaron algunas pocas unidades más.
Esa combinación de éxito enorme y origen humilde no le cayó bien a todo el mundo. En el documental "Clase H", que Pablo Landaburu le dedicó años más tarde, un socio del club todavía recuerda la incomodidad que generaba en el resto de la industria náutica: ¿cómo podía ser que un barco salido de un galpón, con lo que algunos llamaban despectivamente "un dibujo de nadie", tuviera semejante éxito?
La respuesta de Heguilor a esa frase, mitad pregunta, mitad crítica algo despectiva era que buscaba seguir vendiendo barcos buenos a precios que la gente pueda pagar.
Ahí está, quizás, la clave de todo lo que vino después: Heguilor tenía un lema que lo repitió durante décadas hasta que se volvió casi una firma: Precio justo, ganancia justa.
Esa frase contiene la explicación de por qué el "H20" terminó siendo, para el argentino de clase media que le gustaba el agua, una oportunidad muy accesible de tener un barco propio, algo que hasta entonces había sido, para esa misma gente, un lujo ajeno.
Pablo Landaburu es un profesional de los medios y la educación, graduado como Licenciado en Comunicación Social en la UNQ - Universidad Nacional de Quilmes que, a lo largo de su carrera, ha consolidado un perfil técnico y docente especializado en la producción de contenidos multimedia.
Landaburu fue quien dirigió el ciclo "Clase H", una de las primeras producciones de la UNQ adaptadas para la televisión digital abierta.
Vale notar que la UNQ ofrece la carrera de "Arquitectura Naval", en línea con la tradición náutica de la ciudad.
Los "H"
Hablemos de los barcos que forman lo que ahora conocemos como la Clase "H", nombrándolos en orden cronológico, según su creación.
El H20: el Barco Ideal
El H20 "Malafacha", barco escuela del Club de Veleros Piedrabuena
En los papeles del propio astillero, el "H20" está identificado con ese nombre, y tiene las siguientes características: 6,13 metros de eslora total, 5,10 en la línea de flotación, 2,13 de manga, 0,95 de calado. Bajo el agua, un quillote de acero con 335 kilos de fundición en la punta. Arriba, un mástil relativamente bajo, de 7,52 metros. Adentro, cuatro cuchetas y algunas comodidades mínimas, suficientes para la época.
En las notas publicitarias se lo llamaba "el barco ideal"
Los dueños agregan un detalle que no está en la ficha técnica pero que se repite en cada conversación: el espesor del laminado. Heguilor no escatimaba fibra. Hoy, medio siglo después, esos cascos que han pasado décadas enteras flotando en la amarra, al sacarlos del agua están todavía en muy buenas condiciones.
Del taller de la calle 25 de Mayo el "H20" salía en kit —casco y cubierta— con un manual mecanografiado de catorce páginas en el que Jorge Heguilor explicaba, tornillo por tornillo, cómo terminar el barco en casa: qué sellador usar, cómo calzar el quillote sin lastimarse un dedo, cómo poner a punto las velas citando técnicas del campeón danés Paul Elvström, y hasta algunos trucos caseros que el propio manual llama, sin ironía, "consejos de abuela".
Los "H20" llegaron a tener vida social propia; sus propietarios conformaron una asociación gran actividad en redes sociales. También, siguiendo la propuesta del propio manual de construcción escrito por Heguilor, se constituyó una clase para participar en regatas con sus propias reglas. En 2014, el Club Náutico de Zárate organizó lo que llamó el "Primer Encuentro Nacional Clase H20", declarado de Interés Municipal por decreto de esa ciudad, y que incluía dos jornadas de regatas.
Vale la pena no exagerar el dato, pues del evento participaron ocho embarcaciones, y cuatro provenían de clubes vecinos entre sí —Zárate y Campana—, no hubo representantes de Quilmes, San Isidro o Tigre, que son las zonas con la nayor densidad de "H20" en el agua.
Lo Que Dicen los Dueños
Medio siglo de barcos navegando deja opiniones de todo tipo, y en los foros náuticos argentinos —Cibernáutica, La Recalada— hay años de conversaciones acumuladas sobre los "H". Vale la pena comentarlas, porque completa el retrato.
Lo que Valoran
En el "H20", la palabra que más se repite es "firme".
Un forista que le hizo un agujero al casco para instalar una corredera se sorprendió del espesor del laminado que encontró debajo del gelcoat.
Además de esto, sus dueños y los brokers indican que son barcos fáciles de vender. Esa es la mejor prueba de que la fórmula de Heguilor, precio justo y construcción sólida, sigue funcionando generaciones después de que él dejara el taller.
Lo que Critican
Ahí aparece la otra cara. Del "H20" el problema más nombrado es la cubierta floja que aparece en algunos cascos con los años.
Un dueño le preguntó directamente a Heguilor por qué, y la respuesta de don Jorge fue que en los años setenta el núcleo del "sandwich" de la cubierta se hacía con poliestireno, que se comprime con el tiempo —lo cual es cierto; hoy se usa divinycell, un material que no cede de la misma manera—.
Es un defecto conocido, pero también contenido: se sabe qué lo causa y se sabe cómo repararlo.
Ficha Técnica
El "H20" tiene una única serie que en el mercado náutico local se la denomina como "Serie I", y evoluciones posteriores según el año de construcción en los detalles de cubierta, distribución interna o terminaciones del cockpit, manteniendo siempre la misma carena matriz.
H20
parámetro
Serie I
eslora máxima
20 pies; 6,13 metros
eslora en flotación
5,10 metros
manga
2,13 metros
calado
0,95 metros
altura interior
1,25 metros
desplazamiento
850 kilogramos
superficie vélica
17 a 19 m2
cuchetas
4
Gerónimo Saint Martin y "La India"
De entre todos los "H20" hay uno que terminó protagonizando una travesía digna de destacar.
Se trata del casco número 474, bautizado "La India" por su dueño, el médico platense Gerónimo Saint Martin, que en 1991 zarpó con un plan de dos meses y volvió casi diez años después de haber llegado al casquete polar ártico, y desde allí llegar hasta Ushuaia regresando finalmente al Río de la Plata.
Es una historia demasiado grande para resumirla en un párrafo. y como el propio Saint Martin es hoy conocido del club, esa travesía va a merecer su propia nota.
El H19: el Barco Escuela
El "H19" nació como una variante más chica, más simple y sin cabina del "H20", pensado como barco de instrucción.
Heguilor se lo vendía a los clubes de todo el país casi al costo —"trataba de no perder", admitía él mismo— porque entendía que ese barco más que un producto era la puerta de entrada de generaciones enteras a la vela.
No hay cifras de cuántos "H19" se construyeron, y es una de las lagunas más notorias de esta historia y de la industria náutica deportiva de esos años. Sin embargo, siguen viéndose "H19" operando como barcos escuela de infinidad de escuelas de náutica en todas las aguas de la República Argentina.
Ficha Técnica
H20
parámetro
Serie I
eslora máxima
19 pies; 5,79 metros
manga
2,15 metros
calado
0,90 metros
altura interior
0,95 metros
desplazamiento
350 a 450 kilogramos
superficie vélica
14 m2
cuchetas
4
El "H26": Otra Escala, Otra Sociedad
Si el "H20" fue el barco de la primera hora, el "H26" pertenece a otro momento del astillero.
Es un velero de crucero más grande, de entre 7,75 y 7,93 metros de eslora según los avisos de la época, con quillotes que variaban entre 1,20 y 1,40 metros de calado, pensado ya no para una salida de fin de semana sino para navegaciones más largas. Su altura interior de hasta 1,80 metros, notable para su tamaño, con camarote de proa, baño compartimentado y una dinette que en las últimas series cambió de lugar —corrida hacia popa— junto a una cucheta doble, lo hacían ideal para ese tipo de navegaciones.
En los papeles, también muestra cambios a lo largo de su construcción, pues en los avisos de venta de mediados de los años ochenta figura el "Astillero Heguilor" como su fabricante, mientras que en los de fines de esa década ya aparecen bajo una razón social nueva, "Heguilor y Pollak, Construcciones Navales" Quién era Pollak y qué rol tuvo exactamente no está documentado en ninguna fuente disponible, lo que sí quedó registrado, de la voz del propio Heguilor, es el paso siguiente, cuando comenta que en algún momento le vendió la matriz del "H26" a Héctor Rajmanovich.
El "H26" no alcanzó la escala de producción del "H20" —no hay cifras de producción confirmadas, aunque claramente fue muchísimo menor— pero sobrevivió más allá del propio astillero de Heguilor.
Lo Que Dicen los Dueños
Lo que valoran
Del "H26", las constantes son "seguro" y "cómodo".
Varios dueños lo recomiendan sin dudar a quien busca su primer velero de crucero, y hasta se lo compara favorablemente con otros veleros de la época por lo bien plantado que se siente a bordo.
Y, al igual que con su hermano menor, se resalta la facilidad de venta de los "H26", básicamente por lo dicho: en esa eslora, es quizás la opción más cómoda para la navegación de crucero.
Lo que Critican
Del "H26" se dice, sin vueltas, que no ciñe bien.
Puede ser que esto sea cierto en los modelos que salieron al mercado sin traveller. En los que sí lo tienen, se logra un ángulo contra el viento similar a embarcaciones de la misma eslora y manga y, principalmente, edad del diseño.
Lo que Recomiendan
En el "H26" en particular, conviene revisar antes de comprar el estado del laminado en las bandas, a la altura de las landas —el punto donde los obenques tensan la estructura— porque es una zona que en muchas unidades apareció "chupada" con el tiempo; casi todos los barcos ya fueron reparados ahí, pero es lo primero que un comprador experimentado revisa.
Sobre el motor, la comunidad se inclina con claridad por el motor interno diésel por encima del fuera de borda que llevan algunos "H26" más tardíos, pues baja el centro de gravedad haciendo que el barco sea algo más estable.
En base a la matriz del "H26", Hector Rajmanovich construyó el "HR260" que era un barco muy similar, con motor fuera de borda en lugar del interno original, y algunos ajustes de aparejo que corrigieron un problema de deformación en las bandas del diseño de Heguilor.
Más tarde agregó el "HR290".
Heguilor mismo, consultado años después por un comprador interesado comentó que Rajmanovich había hecho un buen trabajo con el barco resultante.
Ficha Técnica
EL "H26" tiene también una única serie, y luego diferentes detalles de cubierta, distribución interna o terminaciones del cockpit, manteniendo siempre la misma carena matriz.
H20
parámetro
Serie I
eslora máxima
26 pies; 7,75 a 7,93 metros
manga
2,72 a 2,75 metros
calado
,20 a 1,30 metros
altura interior
1,80 metros
desplazamiento
1,820 kilogramos (aproximado)
superficie vélica
25,9 a 27,0 m2
cuchetas
4
Despedida
Jorge Heguilor falleció en septiembre de 2022, a las puertas de los cien años.
Fue un amante de la vela y la difusión de la náutica deportiva. Ahí está como prueba de ello el "H19", que vendió casi al costo durante décadas, para ayudar a las escuelas de náutica a equiparse y facilitarles la enseñanza.
Vivió el éxito silencioso de aquel "dibujo de nadie" que incomodaba a la industria terminara siendo, sin discusión, el velero más popular de la Argentina.
Cerca del final del documental que le dedicó Pablo Landaburu, Heguilor mira los barcos que hizo y dice, sin épica, con la calma de quien no le debe nada a nadie: "Veo los barcos, un H-20 o un 26 o un 19. Siento una satisfacción íntima. Para adentro, me siento muy contento". No hay mucho más para agregar a esa frase. Ahí está resumida la vida de un hombre que se pasó los años haciendo barcos para otros, y que, mirando el río lleno de velas que llevan su apellido, supo que le sobraban los motivos para estar en paz.
Jorge Heguilor fue declarado personalidad destacada del municipio de Quilmes —agasajado por el Concejo Deliberante en el Club Náutico Quilmes—.
Conversaciones con dueños de veleros H20 y H26 diseñados por Jorge Heguilor, en entrevistas personales y contactados a través grupos y foros, y redes sociales.