Manual del Curso de Patr{o}n de Yate de Vela y Motor
San Isidro, Argentina
CVPB - Jorge Messano
28-Oct-2025
9 minutos
Capítulo 03: Técnicas y Maniobras
Seguridad y Salvamento: El Salvavidas Circular
Introducción
El aro salvavidas, también conocido como salvavidas circular o simplemente “la rosca”, es uno de los elementos de seguridad más antiguos y reconocibles a bordo. Su función principal es proporcionar flotabilidad inmediata a una persona que ha caído al agua, permitiéndole mantener la cabeza fuera del agua hasta ser rescatada.
En la navegación moderna, el salvavidas circular sigue siendo un componente obligatorio y esencial. Los convenios internacionales, como el SOLAS, establecen sus dimensiones, colores, materiales y características reflectantes, garantizando que sea visible, durable y capaz de soportar condiciones adversas.
Especificaciones Técnicas
El Salvavidas
Existen varios tipos de salvavidas circulares, pero todos comparten una característica esencial: deben poder ser arrojados rápidamente y ofrecer flotabilidad suficiente para sostener a un adulto en el agua durante el tiempo que dure la maniobra de rescate. Las normas internacionales, especialmente el Convenio SOLAS, establecen los requisitos mínimos que deben cumplir.
Un salvavidas certificado bajo norma SOLAS debe ser capaz de soportar una caída libre desde al menos 30 metros de altura sin dañarse ni perder flotabilidad, tener un diámetro exterior de unos 70 a 75 centímetros, y una masa mínima de 2,5 kilogramos para garantizar un buen alcance al lanzarlo. Además, debe ser de color naranja intenso e incluir bandas reflectantes de materiales homologados.
Por otro lado, en la náutica deportiva y recreativa se admiten versiones más livianas o de materiales sintéticos como el polietileno expandido o la espuma de celda cerrada, que no cumplen estrictamente la norma SOLAS pero que resultan aceptables para embarcaciones pequeñas. Aunque estos modelos suelen carecer del peso reglamentario o de la homologación para uso comercial, mantienen la flotabilidad y visibilidad necesarias para actuar como primera respuesta en una caída al agua.
El Cabo Flotante
El aro salvavidas debe ir acompañado de un cabo de rescate flotante, cuya función es tanto facilitar la recuperación de la persona en el agua como que la víctima pueda llegar también al salvavidas tomándose de su cabo, si al arrojárselo cayó más allá de su posición. Según el Convenio SOLAS y las recomendaciones ISO, este cabo debe tener una longitud mínima de 30 metros, aunque en embarcaciones menores de recreo suele emplearse medidas menores —por ejemplo, en Argentina, el REGINAVE exige que el cabo tenga una longitud de 27,5 metros—. Esa extensión permite que, al ser arrojado, el salvavidas caiga a suficiente distancia del barco, incluso en condiciones de viento o aguas agitadas, sin generar enredos o exceso de material en cubierta.
Vale recordar, que el cabo del aro salvavidas no debe estar amarrado al barco.
Hay dos razones muy simples para ello.Primero, porque si estuviera atado, limitaría la distancia del lanzamiento, impidiendo que el aro alcance al náufrago justo cuando más lo necesita.
Y segundo, y no menos importante, porque al seguir el barco su marcha, el cabo arrastraría al salvavidas, dándole un gran disgusto al desafortunado que lo esperaba en el agua.
Por eso, el cabo debe poder correr libremente, permitiendo lanzar el aro lo más lejos posible sin riesgo de que quede retenido o arrastrado por la embarcación.
El cabo debe ser flotante, flexible y fácilmente manejable, fabricado generalmente en polipropileno trenzado, que combina ligereza, resistencia y flotabilidad natural. El color suele ser naranja o amarillo intenso, para facilitar su visibilidad, y su diámetro ronda los 8 a 10 milímetros, un equilibrio entre resistencia y facilidad de agarre.
Desde el punto de vista operativo, conviene que el cabo esté siempre atado al salvavidas, y estibado en una bolsa o un carretel sin nudos que lo traben, de tal forma que al arrojarlo salga inmediatamente limpio, sin necesidad de tener que estar preparándolo previamente.
La Baliza Luminosa
El salvavidas circular debe ir acompañado también por una baliza luminosa automática, que es un dispositivo que se activa al contacto con el agua y emite una luz intermitente de alta intensidad. Su función es señalar la posición en la que ha quedado el salvavidas, tanto para el náufrago como los rescatistas puedan ubicarlo en la oscuridad de la noche o con baja visibilidad.
Estas balizas suelen funcionar con baterías selladas y pueden permanecer encendidas entre dos y más de diez horas, según el modelo. En la mayoría de los barcos, se montan en un soporte combinado con el aro, de manera que, al liberar el salvavidas, la baliza cae junto con él y se activa automáticamente.
El Silbato
Junto con el aro salvavidas —y también con los chalecos— debe ir siempre un silbato sujeto mediante un cabito corto. Su función es simple pero vital: permitir que la persona en el agua pueda hacerse oír, incluso de noche o con mala visibilidad, cuando gritar es inútil o físicamente imposible.
Los silbatos homologados para uso náutico producen un sonido agudo, continuo y muy potente, perceptible a más de 1.000 metros con viento moderado. Además, están diseñados sin bolilla interna, de modo que funcionan incluso mojados o parcialmente sumergidos.
Cantidad y Ubicación del Salvavidas a Bordo
En embarcaciones deportivas y de recreo, se exige al menos un aro salvavidas por embarcación, equipado con su cabo y silbato, y en lo con una baliza luminosa en caso de navegación nocturna o con baja visibilidad. En veleros o embarcaciones de mayor eslora —especialmente aquellas que hacen navegación de altura— se recomienda llevar dos, uno en cada banda, de modo que siempre haya uno disponible sin importar la amura o la escora del barco.
El aro debe estar a la vista, listo para lanzar en menos de un segundo, sin amarras, cobertores ni trabas. Lo ideal es que esté montado cerca de la posición del timonel, donde alguien pueda alcanzarlo sin moverse demasiado ni perder de vista al náufrago.